viernes, 2 de abril de 2010

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Gente. Gente a puñados que corre por el aeropuerto llevando carritos llenos de bolsas y maletas envueltas en plásticos transparentes.
Se dirigen a la cinta por la que pasan las maletas que han viajado también en avión y se hacen hueco entre los demás que las esperan ansiosos. Por fin aparecen entre otras tantas parecidas, de colores y tamaños diferentes y ellas las agarran al vuelo para que no se les pasen, pesan un poco pero consiguen hacerlo con elegancia. Salen del aeropuerto haciéndolas rodar lentamente, ya sin prisas. Buscan un taxi libre que pueda llevarlas al hotel. Ahí hay uno. Lo detienen y el conductor se apea del coche para ayudarles a introducir las maletas dentro. Se montan y el coche comienza a caminar, engullendo la carretera poco a poco. Le indican con un inglés un poco pobre las señas del hotel y se relajan mirando el paisaje. A un lado de la carretera aparece un negocio de alquiler de coches.
- Podíamos alquilar un coche... - sugiere África.
- Pues no es mala idea, así podríamos movernos más libremente y como está cerca del aeropuerto lo dejaríamos a la vuelta y el taxi desde aquí nos saldría más barato... - argumenta Claudia, a la que le ha gustado la idea.
- A mí también me parece buena idea, pero tenéis que conducir vosotras... - Erica parece estar también de acuerdo.
Le indican al conductor que pare en el negocio de "Rent a car" y se bajan del coche sacando todos los bártulos. Entran para hablar con algún empleado y un señor trajeado y sonriente intenta atenderlas con alguna dificultad que otra. Claudia es la que mejor se maneja con el idioma y poco a poco parece que acaban entendiéndose. El hombre les enseña varios coches y al final por petición y casi imposición de África eligen un Fiat 500 blanco. Claudia y Erica acaban cediendo ante una sonriente y emocionada África que ya se encuentra al volante recorriendo la carretera hacia la ciudad.
- El señor ha dicho que no llevamos mucha gasolina, que repostemos en cuanto podamos... o algo así... - recuerda Claudia.
- ¿Cómo que algo así? ¿Ha dicho eso o no? - pregunta Erica alarmada.
- Tranquilas chicas... tenemos de sobra para llegar al hotel... - las tranquiliza África sin saber muy bien si lo que está diciendo es verdad o no.
Prosigue su viaje por carreteras y caminos, desvíos y una autopista enorme que parece no acabar nunca. Otro desvío y una carretera más, muy parecida a las anteriores. De nuevo otro camino flanqueado por árboles que...
- Por aquí ya hemos pasado... - dice Claudia tímidamente.
- ¡Qué va! - dice África poniéndose un poco nerviosa.
- Yo diría que sí Áfri... vamos en círculos... - dice Erica mirando nerviosamente por la ventanilla.
- No puede ser... estoy siguiendo todos los desvíos... ¡además la que indica es Claudia!
- ¡Pero este último lo has tomado dos veces! - exclama Claudia al ver que el tema le perjudica.
El coche comienza a emitir un extraño sonido, un borboteo lejano que poco a poco comienza a oirse más y más. África mira los indicadores, el de la gasolina no para de parpadear ferozmente y el coche carraspea un poco. África lleva el coche a un lado de la carretera y lo detiene del todo. Parado. Empty. Nada. Ni una gotita de ese preciado líquido. En el interior del coche las tres se miran asustadas y sin mediar palabra miran por las ventanillas del coche. Árboles y más árboles, altos hasta el cielo, y al frente carretera, asfalto hasta el horizonte.


Se apean del coche y miran a todas partes esperando que otro automóvil pase por allí y les ayude.
- ¿Y ahora qué hacemos? - Erica está apunto de la desesperación.
- ¡No sabía que quedase tan poco! - grita África para descargar un poco de tensión.
- ¡No quedaba poco! ¡Es que has dado muchas vueltas! - Claudia también está muy nerviosa.
- ¡Las que tú me has dicho!
- ¡Pero si llevas un buen rato sin hacerme caso!
- ¡Porque me he confundido joder!
- ¡Sólo tenías que salirte cuando te lo decía!
- ¡No es tan fácil cuando todos los demás conducen del revés!
- ¡Vale, chicas! - grita Erica para detenerlas - esto ahora no ayuda...
- Pues hay que ir a dar señales de vida al hotel... - dice África un poco más calmada.
Abren las puertas del coche y se sientan mirando hacia fuera esperando que pase algún coche. No les queda otra, sus móviles no tienen cobertura.
Pasa más de una hora y ni siquiera se ha oído el canto de un pájaro en aquella carretera cuando de repente sucede un milagro, algo que solo les pasa a las personas con suerte (y ellas no es que tengan mucha), un taxi, allí a lo lejos que se acerca rápidamente, un maravilloso taxi libre que no se sabe por qué pasa por allí. Las tres corren a ponerse en medio de la carretera saltando y agitando los brazos para que pare y así es. Le "explican" al conductor lo que ha pasado y deciden que lo mejor es que Erica valla al hotel para que no les cancelen la reserva y a dejarlo todo y que desde allí mande una grúa para ir a recoger el coche. De nuevo Claudia y África se quedan solas en medio de todos esos árboles.
- Bueno, ahora solo queda esperar... - dice Claudia resignándose.
- Sí... aunque... ¡por ahí viene otro coche!
Aparece un enorme vehículo todoterreno al final de la carretera y ellas siguen su trayectoria con los ojos, sin perderlo de vista ni un segundo. El coche se detiene detrás del suyo y un jóven se baja de él. Es alto y moreno y les sonríe como si no pasase nada, como si su coche no se hubiera quedado tirado en una cuneta en medio de una carretera perdida de Londres.
- Goodafternoon! What has happened?
- ¡Joder con el inglés! - exclama África agotada poniendo los ojos en blanco mientras se apolla en el respaldo del asiento delantero.
- Áfri... estamos en Inglaterra, ¿qué esperabas? - dice Claudia acercándose al jóven e intentando explicar una vez más todo lo ocurrido.
- Tranquila, puedes hablarme español... puedo entenderlo... - dice el jóven tímidamente con un fino acento inglés.
- ¡Valla! ¡Menos mal! - grita África levantándose rápidamente del asiento y corriendo hacia él - lo siento por lo de antes ¿eh?... es que estoy muy cansada, esto ha sido un desastre...
- Entiendo, tranquila... ¿puedo ayudaros? - dice sonriendo de nuevo con unos dientes blanquísimos.
- La verdad es que estamos esperando a una grúa, una amiga ha ido al hotel en un taxi a avisar y... - explica Claudia.
- ¿Sabéis que estáis a solo unos metros de una gasolinera? - le corta el chico.
- ¡¿Qué?! - exclaman las dos a la vez.
- ¡Joder Claudia! ¡Joder!
- ¡Tranquila! No es culpa nuestra, nosotras qué sabíamos...
El chico se ríe ampliamente al ver esta escena.
- ¿Sabes? Podría remolcaros hasta la gasolinera...
- Umm... la verdad es que eso estaría muy bien... - dice Claudia sin parar de mirarle.
El jóven se acerca al Fiat y lo arregla todo para remolcarlo hasta la gasolinera, los tres se montan en el 4x4 y avanzan lentamente por la carretera. Comienzan a charlar y ellas le cuentan a John todo su día, desde el cuadro de África hasta el maldito momento en que deciden alquilar el coche.
John es muy agradable e intenta tranquilizarlas, aunque lo encuentra todo muy divertido tal y como lo cuentan ellas y no puede parar de reirse.
Llegan a la gasolinera y se bajan del todoterreno para ponerle gasolina al pequeño vehículo de detrás y en un momento comienza a llover. Qué llover, diluviar. África entra rápidamente en el coche y los otros dos la siguen.
- Esta gasolinera parece sacada de "La matanza de Texas", a mi me da mal rollo... - dice África mirando por la ventanilla del coche.
- ¡Qué dices Áfri! ¡Cállate!
- Si ya podemos ir en nuestro coche deberíamos llamar a Erica para que no avise a la grúa, ¿no?
- En aquella caseta de allí hay un teléfono... podéis llamarla al hotel... - dice John señalando una pequeña choza de madera un poco más lejos de la gasolinera.
- Venga Clau... ve a llamarla...
- ¿Y por qué no vas tú?
- ¡Porque no me gusta mojarme! Además tú hablas mejor el inglés...
- ¡Qué cara tienes!
- Yo te acompaño si quieres... - dice John mirando a Claudia.
- De acuerdo, iré yo... - dice Claudia sin hacerse más de rogar.
Ese cambio de opinión tan repentino provoca en África una carcajada y ambos salen del coche corriendo. Claudia se vuelve para lanzarle una mirada asesina através del cristal y dentro ella no puede parar de reirse. Es obvio que John le ha hecho "gracia".
Corren por la arena y sobre algunos hierbajos mojándose la ropa y el pelo. Se llenan de barro de la cabeza a los pies y llegan a la caseta. Claudia intenta abrirla pero no puede y al final es John el que tiene que darle un fuerte golpe para abrirla. No controla su fuerza y la arranca de sus visagras, no tiene mucho mérito porque era más bien endeble pero esto les provoca la risa.
En el coche África los observa desde la parte trasera y sonríe. Genial, genial, genial. Esto va a estar interesante.


Un pitido le saca de sus pensamientos de celestina y se toca el bolsillo de la sudadera. El móvil. ¡Tiene cobertura de nuevo! Un mensaje. Roberto. "Good trip little Africa! (no sé si se dice así)"
¿Cómo que little? Bueno, será algo cariñoso... valla un bilingüe de pacotilla. Y sonríe de nuevo, pero ahora ya no tiene nada que ver con Claudia y John.
*
-¿Se puede saber por qué no me has cogido el teléfono?
- Estaba conduciendo Patricia...
- ¿Y dónde ibas a esas horas?
- A llevar a alguien al aeropuerto, mi padre no podía... me lo ha pedido él... - miente mirando hacia abajo, hundiéndose en la Coca-cola.
- Tu padre y sus favores...
- ¡Es mi padre Patricia! Además cuando he llegado te he llamado... ¿cuál es el problema? - dice levantando un poco la voz. Patricia le saca de quicio, siempre controlándole, pidiéndole explicaciones... ¡no ha hecho nada malo!
- Bueno vale, no te pongas así... - se le acerca y le da un beso en la mejilla.
Roberto siente una punzada en el estómago. Se siente culpable... pero, ¿por qué? Está claro. África. Otra vez ella en su cabeza. Jóven, simpática, divertida, ella. Ella que no es Patricia. Y lo peor, Patricia que no es ella.

BuonpomeriggiO*

miércoles, 24 de marzo de 2010

Sorpresas

Se levanta sigilosa y entra en el baño, se lava la cara y se mira en el espejo. Levanta una ceja y se sonríe... hoy sin duda las sorprenderá.
Vuelve a entrar en su habitación descalza y coge el enorme cuadro que ha hecho para ellas, para su salón. Puff... ¡pesa mucho!... un poco más... et voilà! Colocado en su sitio en la blanca pared.
Sacudiéndose las manos en el camisón va hacia la cocina y se prepara un café, coge el bote de las galletas y vuelve al salón. Lo deja todo sobre la mesita y se sienta en el sofá a desayunar, nunca lo hace pero hoy es un día especial. Come un par de galletas y toma un sorbo de su café mientras espera... ¡Valla dormilonas! si ya son más de las 10... además no nos acostamos tan tarde... ¡voy a despegarles las sábanas!
Deja la taza de nuevo sobre la mesa y se levanta del sofá encaminándose al equipo de música. Pone un CD. Play. Volumen... ¿58? no... ¡72! ¡hay que empezar el día con energía!
De repente la música empieza a sonar y hasta ella misma se sobresalta llevándose una mano al pecho, ¡valla! ¡que potencia!
Entonces empieza a escuchar gritos en las habitaciones aunque un poco lejanos, así que apaga de nuevo el reproductor y corre a sentarse en el sofá, toma su taza y una de las revistas de Claudia que estaba en la mesita y empieza a ojearla con aire interesante.
- ¡¿Se puede saber qué rayos ha pasado?! - grita Erica entrando al salón.
- ¡Pero bueno! ¿y ese escándalo? - Claudia se suma a la queja irrumpiendo también en la habitación.
África toma un sorbo de su café y levanta ligeramente los ojos de la revista.
- ¡Valla! ¡Buenos días queridas compañeras! No me había dado cuenta de que ya estuviéseis levantadas... y bien, ¿cómo habéis dormido?
Erica y Claudia abren los ojos cada vez más, ¡pero qué cara tiene! ¡encima nos pregunta cómo hemos dormido!
- ¡Pero Áfri...! - Erica no acaba su frase cuando ve el enorme cuadro nuevo que adorna la habitación.
Las dos lo miran a la vez y sonríen, África les mira sin perderse un detalle de sus gestos.
Es como una gran foto en blanco y negro. Un paisaje, pero muchos a la vez... la Torre Eiffel, el Big Ben, Piazza Spagna... todo junto fundiéndose bajo unas suaves nubes que adornan el cielo grisáceo. Unos pequeños trazos que se convierten en personas que visitan esos lugares, personas comiendo un helado, charlando, riéndose...
- ¿Veis? ¡Esas tres somos nosotras! - dice África señalando el cuadro sonriente.
- ¡África es precioso! - exclama Claudia.
- ¡Genial! Además esa pared ya estaba sosa...
África sonríe un poco más mordiéndose el labio inferior.
- Y aquí no acaba la cosa...
- ¿A no? - dice Erica arqueando las cejas.
- ¡No! - exclama - a ver chicas... ¿cuál de esos sitios nos queda por visitar?
- ¡London! - exclama Claudia entusiasmada.
- ¡Exacto! ¡Pues allá nos vamos! ¡Todo el fin de semana!
- ¡¿En serio?! - Claudia abre la boca.
- ¡Sí! Un compañero iba a irse con unos amigos y al final no pudo. ¡Lo tenía todo organizado! El avión, el hotel... ¡todo! Me lo dejó tirado... es lo que tiene la reventa, además le hice un favor...
- Sí... ¡cuánta caridad Áfri! ¿y nos vas a invitar tú? - exclama Erica riéndose de su amiga... ¡pero que morro!
- Ya echaremos cuentas... - ríe África.
Se abrazan y saltan por el salón. Le dan las gracias a África y ríen divertidas.
- ¿Y cuándo nos vamos? - pregunta Claudia por fin.
- En 4 horas...
- ¡¿Qué?! - exclaman ambas a la vez.
- ¡Sí! Así que venga... preparad las cosas y no llevéis mucho, voy a vestirme... - dice mientras se aleja tranquila hacia su habitación. Ella lo tiene todo preparado.
Las otras dos corren por la casa metiendo mil y una cosas en la maleta: ropa, zapatos, el neceser...
África sale de su habitación tirando de la maleta de ruedas, vestida con ropa cómoda e incluso con un poco de maquillaje.
- ¿Estáis ya chicas? - pregunta relajada.
- ¡Sí, sí!
- ¡Ya va! ¡Un momento!
Aparecen jadeantes en la entrada con sus maletas y listas para salir. Bajan a la calle y toman un metro y luego otro. Éste último se para sin ninguna explicación, es algo típico pero nada agradable si tienes prisa. Cuando por fin vuelve a arrancar las tres están nerviosas. Puede que no lleguen a tiempo. Cuando llegan a la estación el tren ya está cerrando sus puertas.


Bajan corriendo las escaleras mecánicas cargadas con las maletas y dan algunos golpes en las puertas, hacen señas al maquinista y gritan alguna que otra cosa. No hay nada que hacer. El tren arranca y algunos, afortunados viajeros, las miran por la ventanilla negando con la cabeza.
- ¡Dios! ¿y ahora qué hacemos? - exclama Claudia agobiada.
- ¡Si no cogíamos ese tren perdíamos el avión! - Erica también está enfadada.
Valla faena ¿Y ahora qué? África intenta pensar en algo y...
- ¡Ya está!
- ¿Qué está? - exclaman las dos a la vez.
África saca su móvil del bolso y busca en la agenda. Llamar. Los pitidos previos y...
- ¿Sí?
- ¿Oiga? ¿Es Roberto?
- Sí, sí... ¿qué pasa? ¿qué tal?
- Necesitamos un taxista y llamamos al mejor... - África sonríe por lo descarado de su halago.
- No me digas que vais a estas horas a "Ciempo" de cañas... ¡mira que no estoy de servicio! - ríe Roberto al otro lado.
- ¡No! Necesitamos ir al aeropuerto...
- ¿Al aeropuerto?
*
Se enfunda unos pantalones y la chaqueta, se mete las zapatillas que estaban tiradas por la habitación y corre hacia la entrada. Coge las llaves de un cenicero y grita:
- ¡Papá me llevo el taxi! - y sale por la puerta sin esperar respuesta.
Baja corriendo las escaleras y enciende el motor. Conduce rápido hacia la estación.
¿Al aeropuerto? ¡Qué suerte! ¡Yo también quiero ir de viaje! ¿Dónde irán? Bueno, da igual, yo cogería un avión ahora mismo adonde fuese...
Llega a la estación y las ayuda a meter las maletas detrás, se suben corriendo y arranca de nuevo mientras algunos les pitan por haber parado en medio de la calle.
Estan nerviosísimas... creo que lo cogerán, si el tráfico sigue así...
Le cuentan lo que ha pasado y adónde van, él hace unas cuantas bromas para relajar el ambiente y parece que funciona. De repente se escucha un móvil. África lo coge del salpicadero del coche.
- "Patricia" - lee de la pequeña pantalla que parpadea impaciente. Se dispone a descolgar.
- ¡No! No lo cojas... - la detiene Roberto.
- Bueno vale... tranquilo. A saber quién será... - y las tres se ríen.
Por fin entran en el aeropuerto y comienzan a sacar las maletas lo más rápido posible. Erica y Claudia se despiden rápidamente de Roberto dándole las gracias miles de veces y corren a facturar sus maletas.
- Espero que tengáis un buen viaje - sonríe Roberto.
- Muchas gracias, a la vuelta te lo contaremos todo - y le da un suave beso en la mejilla.
Corre detrás de sus amigas con la maleta a las espaldas rodando a toda velocidad.
- ¡Pasadlo bien! - grita Roberto desde el coche.
Vuelve a montarse y arranca. Bueno, todo ha salido bien. Toma la carretera de vuelta a la ciudad pensando en esas tres chicas: risueñas, divertidas, locas, adultas pero encantadoramente niñas. Pero ahora sus pensamientos se detienen sólamente en una de ellas.
*
- ¡Menos mal!
- Buff... ¡valla carrerón!
- ¡Chicas!
- ¡¿Qué?!
- ¡Londres!
- ¡Sí! ¡London!
"Sssshhhh". Alguien les manda callar, desde luego no es un lugar para dar voces. Otros las miran divertidos. El avión se despega lentamente de la tierra como el velcro.

Londres les espera.

BuonpomeriggiO*

lunes, 22 de marzo de 2010

F.M.

"Avanzan entre los bancos de la sencilla iglesia. Caminan con el sol en los ojos y en el corazón hasta llegar al altar. Niki exhala un suspiro, largo, larguísimo. Mira a Alex y en unos instantes pasa por su mente toda su historia. Desde su primer encuentro a la primera salida, desde el primer beso a la primera vez que hicieron el amor. Apenas escucha al sacerdote, que sigue hablando, la homilía de la misa, los invitados que se levantan y vuelven a sentarse marcando los diferentes momentos de la ceremonia. Estoy enamorada. Soy feliz, no tengo miedo, es mi boda, lo he elegido todo y lo mismo sucederá con todos los momentos de mi vida, los elegiremos mi marido y yo, para nosotros y para nuestros hijos. Parece casi una oración, y en ese instante comprende lo que es la belleza, la felicidad, y se da cuenta de lo corta que puede ser la vida y lo absurdo que es no tener el valor suficiente para ser felices. Mira alrededor llorando de alegría en su interior y ve todo lo que ama, lo que siempre ha amado y lo que querría amar eternamente. Pero Niki sabe ya que quizá algún día eso no será posible. Por eso debe apreciarlo, vivirlo y respirarlo ahora. Porque la felicidad sólo llama una vez a la puerta. Porque no hay un mañana si no se vive hoy. Y la alegría no se puede posponer.
Si un día todo esto cambia seré feliz por haberlo vivido con profundidad, por no haberlo delegado a los demás, por haber disfrutado mientras tuve la posibilidad de hacerlo. Y no seré yo la que diga basta o la que se escape. Jamás".


Porque me mantiene interesada hasta el final, pendiente siempre de su historia.
Porque con sus libros he aprendido muchas cosas de la vida que ni siquiera podría haberme imaginado y también a comprender la complegidad de las decisiones cotidianas.
Porque todo lo que escribe me sabe a poco y devoro cada página como si fuese la primera.
Porque parece que me conoce, que entiende lo que pienso y cada momento que vivo y lo narra como si fuese también suyo.
Porque ambienta sus historias en mi país favorito y hace que me guste cada vez más.
Porque me gustaría que muchas personas lo leyesen para que aprendiesen las mismas cosas que yo... y las aplicasen también a su vida.
Porque este fragmento es exactamente en lo que creo desde que tengo uso de razón... porque "sólo viviendo lo sabremos".

Federico Moccia.

BuonanottE*

domingo, 21 de marzo de 2010

Donne



Le donne lo sanno - Luciano Ligabue

"Las mujeres lo saben, hay poco que hacer, solo hay que intentar igualar su corazón. Lo saben desde siempre, lo saben en cualquier caso las primeras.
Las mujeres lo saben, que es lo que quieren. Las mujeres que saben de donde venimos y saben por cualquier motivo que basta con mirar.
Y son aquellas que saben explicarte el amor o intentan por lo menos sacártelo fuera, aquellas que faltan y saben hacerse echar de menos y también hacer mucho daño.
Pueden bailar un poco más, pueden sentir girar la cabeza, pueden sentir un poco más, un poco más...
Las mujeres lo saben, quién paga de verdad, lo saben las primeras cuando llega la primavera, o quizá permanecen preparadas y es el tiempo el que gira.
Las mujeres lo saben, cómo es que son mujeres y saben dónde será, cómo será y cuándo será.
Saben desde siempre de lo que estábamos hablando.
Y son aquellas que saben explicarte el amor o intentan por lo menos sacártelo fuera, aquellas que faltan y saben hacerse echar de menos y también hacer mucho daño.
Quieren bailar un poco más, quieren sentir girar la cabeza, quieren sentir un poco más, un poco más...
Pueden bailar un poco más, pueden sentir girar la cabeza, pueden sentir un poco más, un poco más...
Al límite del placer, al límite del horror, conocen sitios a los que no has ido, no has ido...
Las mujeres lo saben, que nada está perdido, que el cielo es ligero pero que no está vacío. Las mujeres lo saben, las mujeres siempre lo han sabido...
Quieren bailar un poco más, quieren sentir girar la cabeza, quieren sentir un poco más, un poco más...
Al límite del dolor, al límite del amor, conocen voces que no has oído, no has oído, no las has oído..."

Sempre grande Luciano...


"- Perdonen pero Jack Magnum no va a poder seguir presentando La Cruda Realidad, cosa que no debería sorprendernos porque los hombres son completamente indignos de confianza. Miren a Mike Chadway por ejemplo, se despidió del programa sin decir una palabra.
Creemos saber lo que los hombres van a hacer, creemos saber lo que los hombres quieren hacer pero cuando llega de repente el momento en el que tienen que pringarse y, qué se yo, mover ficha... se nos acobardan.
Los hombres fuertes, valientes y enormes que aparecen siempre en las novelas y que vemos en las películas desde que somos niñas son una falacia, esos no existen. Los hombres no son fuertes, los hombres no son valientes, los hombres tienen miedo... Aunque ellos vivan un momento en el ascensor de un hotel que sea realmente romántico y lleno de posibilidades, los hombres son incapaces de mirarlo de frente porque... ¿por qué? Porque son débiles...
- Déjame decirte yo algo sobre las mujeres. Las mujeres siempre nos hacen creer que ellas son las víctimas, que les partimos el corazón por deporte, eso es mentira. También dicen que buscan romanticismo, dicen que buscan a su gran amor pero lo único que buscan son unos requisitos: él es perfecto, él es guapo, él es cirujano... Los hombres que encajéis en ese perfil no vayais a engañaros porque no se van a la cama con vosotros, se van a la cama con una cuidadosamente calculada lista de cualidades materiales. La pasta supera a la esencia, la forma supera al fondo, los modales superan a los principios, ningun gesto por real que pueda ser o romántico en la vida pesará más que una lista impresionante de vacíos credenciales...
- Y esto viene de un hombre que jamás a tenido un gesto..."
The Ugly Truth

BuonaserA*

martes, 16 de marzo de 2010

Globos

Tiene que reconocer que no sabe muy bien lo que hace cuando lo hace, tampoco sabe si es lo correcto y siempre tiene la horrible sensación de estar equivocándose, de que la otra opción, la que no es ya suya, es mucho mejor.
A veces está entre dos mundos que le aprietan, ambos le llaman a voces y reclaman su atención pero sabe que solo puede atender a uno.
Tantas cosas que hacer y tan poco tiempo para ellas, le obligan a crear prioridades, a ponerlas en una escala de menos a más importantes, pero la mayoría de las veces tampoco sabe ordenarlas...
Y vive de oído, decidiendo en el último momento y un poco a ciegas, sintiendo más que pensando, con los presentimientos y escalofríos, con la carne de gallina y las corazonadas, las que vienen de dentro, en las que su corazón brinca y nota su movimiento: arriba y de repente ¡pum! abajo, en el sitio donde estaba antes, cuando las hormigas invaden su estómago y entonces sin saber cómo se transforman en mariposas que le salen por la boca.
Esas son las sensaciones que le mueven, su compás, su motor... la gasolina que quema y el alcohol que destila, la tinta que corre por sus venas y el helio que infla sus pulmones... todo.
Las mismas sensaciones que experimenta al hablar con él, al sentir que conectan de todas las maneras posibles, al saber que la ha entendido aunque diga que no, al comprender que le importa a pesar de todo, al ver en sus ojos el "sí" cuando de su boca está escuchando un "no", al darse cuenta por fin que "eso" es un instante que no se acaba nunca porque él no quiere, porque se niega a que ese globo se escape y no suelta la cuerda, porque lo necesita como ella, como el aire y el agua, como el sol y la arena, porque les es imprescindible... porque es inevitable, aunque él no se lo crea.


Y que no se lo crea si no quiere, porque los cuentos no existen pero "eso" sí, y tarde o temprano caerá en la cuenta de que no es una historieta ni una viñeta dibujada en el periódico de los domingos, que "eso" no es un anuncio retocado con photoshop, que ella no se lo está inventando, que se puede tocar. Lo puede ver, y si él hiciese el esfuerzo lo tendría frente a sus ojos también.
Pero, ¿quién es ella?, ¿quién es ella para decirle lo que verá y lo que no? Nadie.
Es su decisión encontrarlo o hacerse el despistado mientras se le escapa... es su elección, solo quería ayudarle porque, a ella le cuesta tanto elegir...
Hazle caso, elige de oído y no te equivocarás, a veces lo que te dice la cabeza no es una prioridad, ella no escucha lo que sucede alrededor. Está en su burbuja con sus principios y sus miedos, sus teorías y sus cosas racionales pero ella, ella no sabe lo que pasa aquí fuera. Ella no puede brincar ni palpitar como lo hacen ellos. Sí, él y ella.
Porque solo le hace falta un empujoncito para latir. Y su latido será el más bello. Será música.

BuonaserA*

domingo, 14 de marzo de 2010

Suegros y espaguetis

Valla un par de "snobs". Pues sí, soy mecánico, ¿y qué? No creo que sea algo de lo que avergonzarse... que Don Julián no haya trabajado con sus manos en la vida y que Doña Leonor, alias "notemirosinoesporencimadelhombroyaúnasídagracias" no haya trabajado nunca es otra cosa.
No les he caído bien, ¡pero es que ellos a mí tampoco! No he parado de sonreír forzadamente en toda la comida, eso sí, todo delicioso... ¡con lo que ha costado ya se podrá! Ahora que donde esté la paella de mi madre... Bueno, el caso, yo sabía que los padres de Patricia estaban forrados, ¡pero no que fueran gilipollas!
Ahora que les he conocido entiendo el complejo de princesa de Patricia, y lo caprichosa que es... con todo.
De repente suena el teléfono, suelta una mano del volante y lo coge del asiento:
- ¿Sí?
- ¿Qué tal? ¿cómo lo has pasado? - dice Patricia al otro lado entre animada y preocupada.
- Bien cariño, todo estaba delicioso... - de momento no había mentido.
- Sí, ese restaurante es genial... ¿y mis padres qué? ¿qué tal te han caído?
- Pues bien cielo pero... escucha voy conduciendo... luego te llamo ¿vale?
- Eh, sí claro. Ten cuidado. Te quiero.
- Y yo - cuelga y vuelve a dejar el móvil sobre el asiento del copiloto.

¿Bien? ¡¿Me caen bien?! Bah... valla mentira. ¿Pero qué iba a decirle? "Patricia tesoro, tus padres son imbéciles"... después de lo bien que se porta ella con los míos... pero es que no es lo mismo.
Mi madre siempre ha pensado que Patricia es un poco "ñoña" y jamás se lo ha dado a entender de ninguna forma, sin embargo ellos... valla dos. Qué suerte de suegros.
Y entonces, al leer esa palabra en su mente, un escalofrío le recorre todo el cuerpo.
*
Están tumbadas en su sofá blanco y redondo pegadas a la televisión como moscas a la miel.
Atienden a la imagen sin apenas pestañear siguiendo las formas y colores de la película.
- ¡Bua! ¡Todo eso es mentira! - exclama África indignada con la televisión.
- Ya... no hay nadie tan perfecto... - dice Claudia casi suspirando.
Apaga la televisión puesto que ya se ha acabado la película.
- Vamos a recoger ¿no? - dice Erica rompiendo por fin el silencio.
- ¡Pero si llevamos todo el día limpiando! - se queja África.
- ¿Y la cocina qué? - recuerda Erica.
- ¿Qué le pasa a la cocina? - dice mirando hacia otro lado.
- ¡¿Pero tú sabes la que has montado para hacer unos malditos espaguetis?!
- Es que necesito mi espacio para crear... - dice dándose aires - además, le toca recoger a Clau.
- ¡¿Cómo?! - exclama Claudia que se había apartado de la conversación para que no le salpicase.
- Sí, sí... te toca la cocina a tí. Yo he hecho la comida ¿recuerdas? - dice África moviendo el dedo índice a la manera en que lo hacen las madres cuando riñen.
- Sí, ya... pero has ensuciado mucho para haber hecho esos espaguetis...
- ¡Y dale con los espaguetis! Si no te gustaban no haberlos comido...
- ¡¿Y qué remedio me quedaba?!
- Te hubiéramos traído la carta, no te digo con la condesa... - dice Erica sonriendo.
África se ríe y le señala la cocina. Claudia entorna los ojos vengativa y dice:
- Ya verás cuando me toque cocinar a mí... ¡vas a estar fregando hasta noche buena!
- ¡Oye! ¡que cuando cocines tú me toca recoger a mí! - exclama Erica.
Y todas se ríen.
- Bueno, a mí no me liéis que voy a pintar... - dice África levantándose del sofá.
- ¿Qué estás haciendo?
- ¿Nos lo enseñas?
- ¡No! ¡Cotillas! Es una sorpresa...
Y sale del salón descalza mientras las otras dos se miran.
- Bueno, la última vez que dijo eso trajo este sofá - dice Erica mirando el bonito sofá blanco que diseñó África para regalárselo en navidad.
- Dentro de nada sólo va a haber cosas hechas por ella en casa... - dice Claudia mientras se encamina a la cocina.
- ¡Te he oído! - grita África desde la habitación - ¡conseguirás quedarte sin sorpresa!


Claudia y Erica se ríen. Saben que es mentira. África no podría dejar de darles una sorpresa. Es su mayor hobbie... sorprenderlas.

BuongiornO*

viernes, 12 de marzo de 2010

Sal y arena

El mar de color negro con un ligero brillo plateado provocado por la luna. El mar y sus puntillas blancas que forman las olas al romperse en la orilla. El mar y su suave movimiento acompañado de aquel sonido y del delicioso olor a sal. El mar. Ella lo mira ensimismada desde el paseo marítimo que está iluminado. Ella, observando aquella infinita oscuridad mientras le espera. Se está retrasando. Se mira el reloj nerviosa... ¿y si no viene?
Dirige su mirada de nuevo a la playa y otra vez al reloj. Recorre el paseo marítimo con sus ojos, posando su mirada en los rostros de la gente, que ya es más bien poca. No está. Y ya es muy tarde.
De repente algo llama su atención, algo en la playa. Brilla. Algo que da luz en medio de toda aquella arena oscurecida por la noche. Fuego.
Cuatro antorchas que se han iluminado de repente en aquella playa, en una posición estratégica. No ve si hay alguien allí pero sí puede ver como decenas de velitas se van iluminando alrededor de las antorchas, como pequeñas estrellas de una constelación lejana.


Se acerca un poco más para poder comprobar que pasa allí abajo. Entre las cuatro antorchas hay una gran tela blanca que cubre la arena y por fin ve a alguien de pie sobre aquella tela iluminada.
Él, que la sonríe desde allí. Él, que le hace un gesto para que valla... "acércate". Él, iluminado por aquella ténue luz que palpita y baila al compás del viento, de aquella suave brisa.
Abre los ojos aún más mientras se acerca y él le tiende la mano para que pase a aquella casa sin paredes.
- Buenas noches, señorita - dice con muchas florituras, como si fuese aquel camarero de ese restaurante tan elegante al que fueron.
Ella le abraza de repente y le besa.
- ¡Valla! - ahora es él el que abre los ojos más y más.
- ¿Por qué has hecho todo esto? - pregunta emocionada.
- Para que te quedes aquí. Conmigo. Para siempre - le sonríe dulcemente con cara de niño, esa que ella tanto adora.
Se le llenan los ojos de lágrimas que no se deciden a salir y se las enjuga con los dedos temblorosos. Después sonríe.
- ¿Para siempre? - pregunta con la voz un poco quebrada.
- Sí, ¿qué te habías pensado? - dice levantando una ceja - ¿que te quería solo para una noche?, ¡yo no soy de esos! - bromea.
- Vale, vale... ¡no te ofendas! - ríe ella - entonces sí, para siempre.
Y se sientan y se miran, como nunca antes lo han hecho , con un brillo especial y con una luz distinta, con la del fuego que aún quema y da aquel olor tan especial.
Se ríen y se besan, se acarician y hablan. También hacen planes... al fin y al cabo, "para siempre" es mucho tiempo. Entonces ella se levanta.
- ¿Adónde vas? - pregunta él mirándola aún desde el suelo.
- A ninguna parte... solo voy a proponerte una cosa... - sonríe.
Se mueve despacio a su alrededor apagando las velitas con un leve soplido.
- ¿El qué? - pregunta intrigado sin parar de observarla.
- Pues... ¿recuerdas lo que hablamos sobre las fantasías hace ya algún tiempo?
Ya solo quedan encendidas las antorchas y ella está frente a él, de pie, mirándolo maliciosamente y mordiéndose el labio inferior.
- Sí... creo que sí... ¿lo de la bandera? - pregunta intentando recordar una de las tantas conversaciones que mantenía con ella. ¿Pero cómo olvidarlas? Las tenía archivadas en su cabeza para poder utilizarlas siempre y a veces, solo a veces, sorprenderla.
- ¡Eso es! - dice ella sonriendo.
- ¿Y bien...?
- Pues... yo hoy había traído una cosita... - coge su bolso del suelo y lo abre. De él saca una gran tela de colores por uno de sus picos y la extiende para que él pueda verla. Le sonríe pícaramente mientras él abre los ojos desmesuradamente.
- ¡La bandera! - exclama quedándose boquiabierto.
- Sí... - dice mientras toma un poco de arena del suelo y con ella apaga dos de las antorchas - y hoy, la vamos a utilizar.
Apaga las otras dos antorchas y la oscuridad les envuelve. Sus ojos se adaptan poco a poco y le mira. Aún está sentado en el suelo y no articula palabra, solo la mira asombrado.



Ella se enrolla la bandera al cuerpo y comienza a desnudarse lentamente sin que se vea nada. Se agacha junto a él y le desprende de su camiseta, él la ayuda mientras le envuelve con ella en la bandera. Ella tiembla levemente y le mira con cariño. Se besan lentamente, silenciosos, envueltos en aquella noche cerrada y en su oscuridad.
Ya no hay gente, ni farolas, ni paseo, solo ellos y el mar que ruge cada vez más fuerte como si les acompañase.
Ellos y el mar, la luna y la arena que se mueve curiosa con la brisa hasta su tela blanca, y la sal que se les pega al cuerpo como la bandera, con aquel olor a playa y a amor. Aquel dulce olor.

BuongiornO*