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miércoles, 18 de mayo de 2011

Little & Old

- ¡Arriba dormilonas!
De repente la habitación se llena de luz, una luz gris (como es la de Londres) pero aún así molesta.Las otras dos le contestan desde la cama con gruñidos mañaneros y algo resacosos.
- ¡Vamos chicas! Que hemos quedado para conocer Londres. ¡Vienen a por nosotras en menos de una hora!


- Joder Claudia... - se queja Erica con la voz ronca.
- Chicas... - las llama África en un susurro.
- ¿Y a ti qué te pasa ahora? - otra vez la voz ronca de Erica.
- Esto me pasa... - dice quitándose el nórdico de encima y destapándose ella y a Adam que está tendido a su lado.
- ¡¿ Pero y Adam qué hace aquí?! - grita Claudia con los ojos muy abiertos.
- ¡Ssshh! ¡Cállate Claudia! ¡No ha pasado nada! - se defiende África.
- ¡Está en tu cama Áfri! - dice Erica entre risas pero con la voz aún un poco tomada.
- ¡Pero Erica si tú llegaste con nosotros! Sabes perfectamente que estábamos demasiado borrachos para eso... - continúa sin levantar mucho la voz, por una parte para no despertar a Adam y por otra porque no puede hablar mucho más alto.
- Ya... pero ha sido muy divertido verte – ríe con picardía.
África le tira la almohada y le da de lleno en la cara, a lo que Erica le contesta sacándole el dedo anular.
- Pues si no ha pasado nada, ¿por qué no quieres que se despierte?
- Pues porque va a ser muy incómodo que se levante aquí, entre las tres...
- Oye, oye... ¡a mi no me metas! - contesta Claudia lavándose las manos – que yo volví mucho antes y totalmente sobria.
- Sí bueno, de eso ya hablaremos luego... - por un momento las tres se sonríen - ... ahora por favor ocupémonos del “tema Adam” - dice África señalándole mientras aún está dormido profundamente.
- Áfri, y ¿qué quieres hacer? ¿sacarle a rastras de la habitación para que parezca que no ha dormido aquí? - dice Erica irónicamente.
- Oye pues... - a África se le ilumina la cara.
- ¡No! ¡Era broma! Pobrecillo...
- Vale, vale... es verdad, quedaríamos fatal... - dice levantándose muy lentamente para evitar que Adam se despierte.
Cuando por fin está de pie frente a la cama y se dirige al baño Adam abre los ojos.
- Goodmorning ladies!
- ¡Anda! Goodmorning Adam! - África le da los buenos días un poco sobresaltada.
- Goodmorning! - dicen Erica y Claudia al unísono.
- Esta cama es... ¿cómo se dice? Very comfortable...
- Cómoda... - le ayuda Erica a punto de echarse a reír.
- ¡Sí! ¡Eso es! - dice levantándose de un salto y entrando en el baño ante la atónita mirada de África.
- ¡Mírale! Y no tiene resaca ni nada el tío... - dice todavía con los ojos como platos.
Se quedan calladas un momento y escuchan la ducha. Se ríen de lo cómico de la situación.
Tras un rato de oír el agua correr Adam sale del baño vestido, peinado y preparado para un largo día de turismo.
- Okay ladies, voy a pasar por casa para coger unas cosas y nos vemos en un rato. Bye!
A las chicas no les da tiempo a contestar cuando Adam ya ha salido de la habitación.
- ¡Qué tío! - exclama Claudia.
- ¿El qué decías que iba a ser incómodo Áfri? - ríe Erica.
- Nada... ya veo que lo de incómodo sólo me ha tocado a mi... Pero bueno, si a él no le importa a mi tampoco... además, la cama es... ¿cómo se dice? ¡Very comfortable! - dice riéndose e imitando a Adam.
Las tres se preparan y bajan a la recepción. Es la hora del Breakfast.
*
- ¡Roberto! ¡Tu teléfono lleva pitando toda la noche!
Buff. Mi madre y su tono de voz tan... agudo. ¿Qué hora será? ¡Las 8:30! ¿Para qué se levantará tan pronto esta mujer? Pero, ¿qué ha dicho? ¡Ah! El móvil... será la batería.
- ¡Roberto páralo ya!
- ¡Voy mamá! Será la batería...
Se levanta revolviéndose el pelo con una mano y restregándose los ojos con la otra, va al salón y coge su teléfono. Un mensaje. Claro, es que hasta que no lo abres no para de sonar, que genio el que lo inventó. Un mensaje a las 4:20 de la mañana de... ¡África! Lo abre intrigado.
"Old Roberto! ¿Sabes? Aquí hay un guiri tirándome los trastos y yo le he dicho que tengo novio y que se llama Roberto, espero que no te importe, te lo compensaré con una copa en Ciempo..."
Se ríe... Esta chica está fatal. Que tiene novio y que se llama Roberto. Roberto y África. No suena nada mal, de hecho suena muy bien. Espera. Roberto y Patricia. Suena, que no es poco...
Pero, ¿y estas horas de mandar mensajes? Seguramente habría bebido un poco. Eso es.
*
Trafalgar Square.


- Oye África, ¿puedo hacerte una pregunta? - dice Adam tímidamente. Sin el alcohol es así, tímido.
África se teme lo peor y empieza a sonrojarse un poco, no sabe por qué pero el tema de haber dormido con él prefiere dejarlo en el olvido o como mucho como lo que fue, una simple anécdota. Ni siquiera se acordaba de cómo habían llegado hasta el hotel esa noche, posiblemente Adam les guiase y por el cansancio, el sueño o simplemente la borrachera se quedase allí a dormir.
- Sí claro, dime – contesta África disimulando un poco su vergüenza.
- ¿Quién es Roberto?
- ¡¿Qué?! - todos les miran de repente, sobre todo Erica y Claudia.
- Sí. Anoche cuando algún chico se te acercaba decías que no podías, que tenías novio y que se llama Roberto... y quiero saber si ese chico existe o era sólo una excusa, es curiosidad...
- ¡Sí que existe! - salta Claudia como si fuera un resorte.
- ¡Qué fuerte Áfri! Lo que hace el subconsciente... - ríe Erica.
- Pues yo no me acuerdo de haberle nombrado para nada... - contesta aún más avergonzada. Puede que ahora prefiriera hablar del tema de la cama.
- Pues le nombraste varias veces... - alega Adam, que estuvo con ella toda la noche.
- Pues no sé... no lo recuerdo...
- En realidad no es su novio, pero es el chico que le gusta - explica Erica.
- Que no me gusta... - dice África con resignación.
- Sí que le gusta, lo que pasa es que no lo quiere reconocer porque es una cabezota – le susurra Claudia a John para explicarle como es su amiga.
- ¡Que te he oído! - exclama - ¡qué pesadas sois! No me gusta y además tiene novia... puede que le nombrara a él porque vosotras no parais de hacerlo y era el nombre que tenía más a mano...
En ese momento suena su teléfono cortando su discurso. Un mensaje. Genial, Roberto. Que oportuno.
"Bueno bueno, little África... ya veo que te lo estás pasando muy bien. Si no sabes por qué te lo estoy diciendo deberías mirar los mensajes que mandaste anoche. Un beso y vuelve pronto."
Joder. Joder. ¿Qué había hecho?
- Oh, oh... - susurra sin apartar la mirada de la pantalla.
- ¿Qué? ¿quién es? - pregunta Erica mirando a su amiga con preocupación.
África no le contesta y va corriendo al buzón de salida de su teléfono. Ahí está. Roberto a las 4:20 de la mañana. Lo lee. Sí, ha hecho el ridículo. Genial.
Abre la boca como si fuese a decir algo pero no articula palabra.
- ¿Qué te pasa Áfri? - dice Claudia por fin al ver que su amiga no se explica.
- Ten... lee – dice tendiéndole el móvil.
Los cinco se arremolinan en torno al teléfono para leer y de repente todos se ríen.
- ¡Joder África qué susto me has dado! Pensé que había pasado algo grave... - dice con el móvil en la mano.
- ¿Algo más grave que esto Claudia? ¡¿Es que esto no te parece grave?! - dice recobrando la voz.
- Vamos a ver... tranquilízate, él sabe que habías bebido... - la apacigua Claudia.
- Sí, aquí lo dice bien claro: “ya veo que te lo estás pasando muy bien...” - dice Jamie.
- Y también dice: “un beso y vuelve pronto” eso está muy bien África – John también quiere tranquilizarla y de paso animarla.
- ¡Dejad ya de leer el mensaje! - dice quitándole el móvil de las manos a Claudia – se acabó el tema Roberto... vamos a hablar de otra cosa...
Y siguen caminando por las calles londinenses con sus guías particulares, contemplando los sitios más emblemáticos de aquella ciudad.
*
- ¿Y a ti qué te pasa que estás tan contento?
- ¿Eh? Nada... - dice Roberto intentando cambiar de cara, pero no puede borrar la sonrisa de sus labios desde esa misma mañana.
- Anda que no... a mi no me engañas Rober – Raúl le ha calado por completo.
- Que no pasa nada, no seas brasas.
- ¿Qué pasa? ¿Tengo que emborracharte para que hables? ¡Camarero otra ronda! - dice levantando la mano al aire.
- Bueno vale... toma – dice tendiéndole el móvil.
- ¿Y qué quieres que haga con esto? ¿Llamo a Rappel y se lo pregunto a él?
- No, lee el último mensaje...
Mira atentamente la reacción de su amigo mientras lee. Sonríe.
- ¿Y por esto estás tan contento? Tío, tu estás fatal...
- Pues no sé, sí. Hasta que me has dicho esto sí que estaba contento. Quiere decir que aún estando en Londres de parranda se acuerda de mi. Que me conoce de dos días tío...
- Si no digo que no signifique nada, digo que estás pillado, que te mola, que te hace gracia... llámalo como quieras pero es así.
- ¿Y? - dice esperando la conclusión de su amigo.
- ¡Que tienes novia imbécil!
Sí, era un detalle que se le había escapado. Tampoco había hecho nada malo, nada de todo aquello había sido premeditado: ni pararse en aquella esquina con el taxi de su padre, ni que esas tres le timaran, ni que le llamaran a los dos días siguientes para llevarlas al aeropuerto... ni siquiera que África le hubiese mandado ese mensaje.
- ¿Ahora no dices nada?
- Tengo que hablar con Patricia...
- ¿Vas a dejarla? - pregunta Raúl con los ojos muy abiertos.
- Creo que sí... llevo un tiempo pensándolo, no creas que es sólo por lo de África, que también. No nos parecemos en nada, no compartimos aficiones, ni amigos, ni gustos... y sus padres me caen fatal... Ella es celosa, paranoica, artificial...
- ¡Aleluya hermano! - grita contento.
- ¿Qué? - pregunta confundido Roberto.
- Pues que pensé que nunca te darías cuenta de todo eso. Espérame, voy al baño y ahora hablamos de lo que vas a decirle a Patricia.
Le deja solo en la mesa y Roberto recupera su móvil. Vuelve a leer el mensaje de África y sonríe.
*
Bajo la mesa de un café londinense. Los demás mantienen una conversación animada. Mensajes. Roberto. Lo lee una vez más y se sonríe. Bloquea el teléfono y vuelve a la conversación.

martes, 18 de mayo de 2010

Extraterrestres y Esquimales

Enciende el motor y arranca por fin. Ha sido muy divertido, tenía muchas ganas de estar con ellos.


Sonríe. Raúl y Álvaro no han parado de discutir como siempre, pero en realidad no pueden estar el uno sin el otro y Alejandro siempre le da un toque de madurez al asunto.
Raúl. Le conoce a la perfección y ha conseguido que le contara absolutamente todo, incluso cosas que él mismo no sabía.
No me ha gustado nada como han hablado de Patricia... puede que sea una consentida, ¡pero ellos no la conocen!
Siempre había intentado quedar con los chicos y con Patricia a la vez pero ella no había puesto mucho de su parte y solo logró convencerla en un par de ocasiones. Eran diferentes, muy diferentes. Como si llegasen de planetas lejanos... ¡eso era! Sus amigos y su novia eran extraterrestres y ni siquiera sabían de la existencia del planeta del otro.
Sí, llevan razón, tengo que hablar con ella. De todo. De nosotros y de nuestras vidas, tanto en conjunto como en solitario... sí, necesitamos hablar.
Y África. He tenido que hablar de ella. Y no sabía que podría hablar tanto sobre ella conociéndola desde hace tan poco...
África y Patricia no tienen nada que ver... son como la noche y el día... o puede que ellas también sean extraterrestres de planetas diferentes.
¿Qué estará haciendo ahora? ¿Dónde estará? ¿Qué tal lo estará pasando? ¿Con quién estará?...
Se mira en el espejo retrovisor y detiene sus pensamientos. Toma una curva y se mira de nuevo. Llevan razón... no es normal que me haga todas esas preguntas y no sea pensando en mi novia.
*
- ¡Madre mía esto está lleno! - exclama Erica con los ojos como platos.
- Oye... sí que hay ambientillo en Londres - dice África mirando de un lado a otro.
- ¿Qué pensabas? ¿que nos acostabamos a las 7 de la tarde no? - dice John sonriendo mientras se acerca a ella para que le oiga ya que en aquel Fish&Chips hay un escándalo terrible.
- ¡A las 7 en la cama! ¿Es que aquí hay gente que hace eso? - pregunta Claudia asombrada.
- Sí, algunas personas a las 7 ya han cenado... eso seguro – contesta John con su típica sonrisa.
- Hazme caso Clau, que dependiendo para qué sea, no es tan malo estar a las 7 en la cama... - le susurra África casi al oído esperando la reacción de su amiga.
Esta no se hace esperar y le pega un codazo alejándola de ella un poco. No consigue contenerse y acaba riéndose como siempre.

Los seis consiguen sentarse en una mesa y pedir pescado con patatas para todos. Es lo típico en Inglaterra así que deducen que John las ha llevado allí más que para cobrarse la cena, para hacer de guía y que prueben aquel plato.
Charlan animadamente con John y sus dos amigos: Adam y Jamie. Son muy simpáticos y hablan muy bien el español, aunque a veces se atasquen. Les cuentan cosas acerca de Londres y sus habitantes y también hablan de sus vidas, de su edad, a qué se dedican y demás, todo con palabras entremezcladas tanto del inglés como del español. Se caen bastante bien y todo es muy ameno.
-¡Podríais ser nuestros guías este fin de semana!¡This weekend! - dice entusiasmada África que intenta hacerse entender.
- Entoces deberíamos hablar de dinero... Do you understand me? - bromea Adam.
- ¡Venga ya! Bastará con nuestra compañía... - ríe Erica.
- Sí, somos encantadoras... - África y Erica no pueden parar de reirse.
- En ese caso os haremos un precio especial... - Jamie también se ríe y bromea con ellos - ... ¿y vosotros qué opináis chicos? - dice refiriéndose a John y Claudia que hablan ensimismados el uno con el otro.
- ¿Qué? - pregunta Claudia con ese tono tan suyo. Todos sueltan una carcajada y siguen charlando mientras cenan.

Cuando ya han terminado deciden llevarlas a un local que está a dos manzanas del Fish&Chips.
El sitio resulta, como poco curioso: todas las salas están pintadas de blanco y el mobiliario es totalmente transparente e imita al hielo, incluso los camareros van vestidos de esquimales.
África y Erica entran hasta el fondo del local asombrándose de todo lo que ven mientras los chicos piden algo de beber para todos. Tras unas copas y algunos chupitos Erica y África no pueden aguantarse la risa floja y las ganas de hablar con todo el mundo.


Sus anfitriones las siguen entablando también conversación con los demás y divirtiéndose más que nunca.
- Sorry! ¿Me das un vasito de agua? Es que creo que no debería beber nada más... - le dice África a uno de los camareros-esquimales. Éste parece no entenderla y se acerca a otro que está también en la barra que acto seguido se acerca a ella.
- Dime, ¿qué te pongo? - dice sonriendo entre la capucha de pelo.
-¡Eres español! ¡You are SPANISH! - exclama África provocando la risa de su camarero.
- Sí, eso es... de Madrid ¿y tú? - dice sin parar de reirse.
- ¡También! ¡Qué casualidad! ¿de qué zona? - pregunta olvidándose de la risa floja.
- De Ciempozuelos... ¿lo conoces? - dice acercándose a la barra para que ella le oiga ya que en el local hay mucho ruido.
África empieza a reirse más y más y llama a Erica para que se acerque.
- ¿También estás ligando con los esquimales? Áfri... lo tuyo es una enfermedad...
- ¡Calla boba! ¿A que no sabes de dónde es este esquimal?
-¡Pues no! Where are you from? - dice dirigiéndose al camarero que las mira divertido.
- From Ciempozuelos, Lady!
Erica también se ríe y busca con la mirada a Claudia para contarle aquella casualidad a ella también. Mira por todas partes, en todas las esquinas, en todos los asientos transparentes iluminados por aquella luz púrpura... No está. Y John tampoco.
Adam y Jamie se acercan a ellas para conocer a su nuevo amigo y Erica les pregunta por ellos. Nada, no lo saben. ¿Dónde se habrán metido esos dos?
Los cuatro se sonríen pícaramente y sonríen al camarero subiendo y bajando las cejas. Él les mira confuso... ahora ya sí que no sabe de qué va el tema.
Les invita a otra copa, hacía meses que no veía españoles por allí y estas por lo menos eran graciosas. Ellas le piden una canción en español, pero una típica, para bailar y hacer un poco el tonto. El esquimal se hace un poco de rogar alegando que él no puede elegir la música pero acaba acercándose al ordenador y poniendo en youtube: Macarena – Los del Río.
Erica y África le obligan a salir de la barra y a bailar con ellas, sus compañeros les siguen y pronto muchos de los que están en el local también se animan, todos allí se saben la coreografía.
-¡Cieeeempo, Cieeeempo! – gritan África y Erica cuando la canción ha terminado aplaudiéndo al camarero. Los que están allí las siguen sin saber muy bien lo que están diciendo pero riéndose y aplaudiendo también.
*
Me encanta como me mira. Y como me escucha. Parece que todo lo que le cuento es lo más interesante del mundo, y hasta parezco inteligente. Se sonríe por dentro y sigue escuchándola. Ahí dentro había demasiado ruido y yo sólo quería hablar con ella y pasear un poco por las calles de Londres. Además, esos cuatro estarán bien, han hecho buenas migas.
Qué ojos más increíbles... pero, ¡qué tarde es! Debería acompañarla... empieza a hacer mucho frío. No veo la hora de que llegue mañana.

BuonanottE*

martes, 20 de abril de 2010

Dinner es la palabra mágica

Carcajadas y risotadas. ¡Una de calamares! ¡Otra cañita jefe!
Voces, que hablan y se ríen, unas más altas que otras. Ruido de platos y sillas. Olores que flotan en el aire. Y un ambiente de familia bajo esa luz entre amarilla y naranja.


- ¿Y qué hiciste? ¿Las llevaste? - pregunta Alejandro abriendo los ojos.
- ¡Pues claro tío! ¡Yo qué sabía dónde estaba Ciempozuelos! - ríe Roberto recordando aquel momento en el taxi.
- Te estafaron pero bien... - dice Álvaro cogiendo de nuevo su cerveza.
- Algo... - Roberto baja los ojos y también bebe un poco.
- ¡Álvaro eres un envidioso! - le grita Raúl señalándole.
- ¿Qué dices majara? ¿Tengo envidia de que a éste le timaran? - se defiende Álvaro.
- Tres tías le pagaron por llevarlo de fiesta a un sitio donde no había estado nunca y por pasar toda la noche con ellas... - argumenta Raúl.
- También me invitaron a algo... - añade Roberto tímidamente.
- ¡Y encima le invitaron! - exclama sorprendiéndose de la suerte de su amigo.
- Visto así... no pinta tan mal la cosa... - dice Álvaro replanteándose su punto de vista y sonriendo un poco.
- Además... me parece que a Robertito no le importó perder toda la noche con esas chicas... - sonríe Raúl subiendo y bajando las cejas pícaramente.
- No sé por qué dices eso... - contesta Roberto mirando hacia la barra, en parte buscando al camarero, en parte escapando de las miradas de sus amigos.
- Pues porque te conozco y no estarías contando la historieta del taxi si no fuera por algo... - Raúl no deja de mirarle, es el que más le conoce y cada gesto de su amigo cuenta.
En ese momento suena su teléfono. Salvado por la campana. Les hace una seña a sus amigos y sale fuera para escuchar mejor. Es Patricia. Que dónde está, que con quién está, que cuándo va a volver, que se lo está pasando muy bien, que le quiere, que un beso, que adios. Controladora, maniática y posiblemente celosa, pero por lo menos esta vez no le ha pedido que valla a buscarla en un rato.
Entra de nuevo en el bar y se acerca a sus amigos.
- ¿Quién era? ¿Patricia? - pregunta Alejandro.
- ¡Pues claro que era Patricia! ¿Quién iba a ser si no? ¿Verdad Rober? - esa noche Raúl esta sembrado, eso desde luego.
- Sí, era Patricia... - contesta Roberto desganado.
- Uyuyuyy... ¿y ese tonito? - Álvaro también está muy "intuitivo" esa noche.
- ¡¿Qué tonito ni qué tonito?! ¿Vamos a hablar de otro que no sea yo? - exclama Roberto, que empieza a agobiarse con tantas preguntas y suposiciones sobre su vida privada.
- ¡No! Llevamos semanas sin verte y queremos saber qué te pasa - dice Raúl decidido.
- Es Patricia que me ha tenido un poco agobiado y... - empieza Roberto.
- ¿Un poco? - pregunta Alejandro incrédulo - ¡Ya te ha llevado a conocer a sus padres!
- Bueno, un mucho, de acuerdo... está un poco pesada y...
- ¡Absorbente! - exclama Raúl.
- ¡Sí, eso es! - Roberto ha encontrado la palabra que buscaba en boca de su amigo. Como le conoce.
- ¿Y te has dado cuenta ahora? - pregunta Álvaro, que también quiere saber.
- Pues... no sé... sí, puede que sí...
- ¿Por algo en especial? - pregunta Alejandro.
- ¿O por alguien especial? - dice Raúl levantando una ceja con ese gesto tan suyo.
- ¡Venga ya Raúl! Sabes que no...
- No, no lo sé... Es más, ¿sabes lo que creo?
- Cualquiera sabe... - susurra Alejandro entre risas y sus amigos le acompañan.
- No Raúl, no sé lo que crees... - dice Roberto poniendo los ojos en blanco y con un tono de aburrimiento en la voz.
- ¿Quieres saber lo que creo?
- ¡No! - exclama riéndose.
- ¡Pues te lo voy a decir igual! - dice frunciendo el entrecejo.
- ¡Qué sorpresa! - exclama Álvaro riéndose también.
- Creo que te has dado cuenta de que Patricia es una petarda porque una de las chicas del taxi te ha hecho gracia... ¡y ya está! - cuando Raúl empieza a decir lo que piensa no hay quien le pare y todos lo saben. Le miran en silencio unos instantes.
- Patricia no es una petarda... - dice Roberto con un tono de voz bastante más bajo que el de su amigo.
- ¡Oooh! ¡Por Dios! - exclaman los demás al unísono.
- ¿Eso es lo único que tienes que decir? - pregunta Raúl con los ojos muy abiertos.
- ¡Pero si es una bicha! - Álvaro quiere dejar clara su opinión sobre Patricia.
Continuan argumentándole el odio hacia su novia y consiguen que Roberto les cuente su opinión sobre los padres de Patricia y que también tuvo que llevar a esas chicas al aeropuerto y que le mandó un mensaje a una de ellas. Casi con un sacacorchos consiguen el nombre de la chica y que les cuente un poco más de ella, de como es.
Bastan pocas palabras sobre la misteriosa chica para que sus amigos comprendan que ella es el "alguien especial" y que Raúl tenía razón.
Deciden no forzarle más, ya ha hablado mucho por esa noche y en él no es normal. Cambian de tema y hablan de ellos, del fútbol, quedan para otro día y se ríen, discuten, pelean un poco en broma como cuando eran pequeños. Les hacía falta una noche así.
*
Que majo es. Y con esos ojos. Que gracioso cuando ha tirado la puerta abajo y se ha caído al suelo. He ido corriendo a ver si se había hecho daño y le he tenido tan cerca que...
Un escalofrío le recorre el cuerpo.
Y luego el teléfono. Funcionaba a la primera pero he tenido que hacer como que no, ya ves tú, ¡la mejor actuación de mi vida! Se sonríe mientras acaba de pintarse los labios frente al espejo.
En esa cabaña hacía un frío de mil demonios y él me ha dado su sudadera... estaba calada pero bueno, el gesto es lo que cuenta. Nos hemos sentado un rato a esperar a que "funcionase" la línea otra vez y hemos hablado de todo. Es tan simpático. Creo que en el fondo sabía que el teléfono estaba perfectamente... A lo mejor él también quería quedarse allí un rato conmigo. Sonríe de nuevo a la chica frente al espejo.


- ¡Claudia o sales ya o nos vamos sin tí!
- ¡Que nos están esperando!
Están ya en el pasillo y le gritan a su amiga la tardona. No saben si John está abajo ya o no pero por meter prisa que no quede.
Claudia sale apresuradamente de la habitación cogiendo el bolso de encima de la cama al vuelo.
- ¡Ya está!
Sus amigas resoplan encaminándose ya al ascensor. Entran y se miran. Silencio.
- Oye Clau... que guapa te has puesto ¿no? - dice Erica con retintín.
- Pues no sé Erica... lo normal... no sabemos donde vamos - dice Claudia colocándose un poco más el pelo mirándose en el espejo del ascensor.
- A la ópera seguro que no... - dice África irónicamente levantando una ceja.
Las tres se ríen mientras el ascensor continua bajando lentamente. ¡Clin! Lobby. Ya están abajo. Salen del ascensor y le dan las buenas noches al amable recepcionista dejándole la llave de la habitación. Miran a través de la puerta giratoria y ven a John hablando con otros dos chicos en la calle.
- Clau... tú eres la jefa - dice Erica sonriendo.
- ¿Pero qué dices? ¡La jefa soy yo! ¿Qué jefa? ¡Soy un genio! - exclama África.
- Que modesta Áfri... - Claudia la mira con escepticismo y Erica la imita.
- ¿De quién ha sido la idea de la cena?
- Que sí, que ha sido tuya... - Erica acaba dándole la razón.
- ¡Claro que sí chicas! ¡Ese es el espíritu! - exclama riéndose - ¡Dinner! ¡Esa es la palabra mágica!
Las otras dos también se ríen. Dinner. Quién sabe qué planes les esperan esa noche.

BuonaserA*

domingo, 18 de abril de 2010

Interesting Nights

- ¡Cuánto habéis tardado! ¿Os he dicho ya que este sitio me da mal rollo?
- Es que no nos lo cogían, además el teléfono no iba muy allá... - explica Claudia con una media sonrisa brotándole de los labios.
- Sí, puede que aquí tampoco haya mucha cobertura y las líneas no vayan bien o algo así... - John le ayuda como puede.
- ¿Sí? Pues qué curioso porque... ¡yo recuperé la cobertura de mi móvil hace 20 minutos! - dice África intentando ponerles en un apuro.
- ¡Pues nos lo podías haber dicho! Me he dejado todo el dinero que llevaba suelto en el maldito teléfono...
- No quería interrumpir... - dice sonriendo pícaramente.
- Bueno chicas, ¿arrancamos? - dice John cambiando totalmente de tema.
- ¡Sí! Te seguimos, ¿vale?
John le guiña un ojo y sale del pequeño coche con una rápida carrera para no mojarse más, le ven montarse en su todoterreno a través del cristal y deciden que sea Claudia la que conduzca esta vez.
África la mira intensamente y Claudia conduce muy concentrada haciendo caso omiso a las miradas de su amiga.
- Bueno que, ¿me vas a contar qué ha pasado o no? - dice por fin África al ver que su amiga no arranca con el interesante relato, o al menos eso espera ella, que sea interesante.
- ¿Qué quieres que te cuente? He llamado al menos diez veces al hotel porque el teléfono no iba y por fin he conseguido hablar con Erica que había subido todas las maletas a la habitación e iba a llamar a la grúa para decir que no vinieran. Fin.
- ¿Cómo que fin? Habéis estado en la puñetera choza 45 minutos, ¡dime qué ha pasado de verdad! El teléfono funcionaba Clau, ¡si hasta mi móvil ha vuelto a la vida!
- ¿Y tú cuándo te has dado cuenta de que el móvil tenía cobertura de nuevo?
- ¡No me cambies de tema!
- ¿Quién te ha llamado?
- Estamos hablando de la choza y de lo que ha pasado dentro no de mi teléfono...
- ¡Áfri! Te ha llamado alguien... ¡cuéntamelo!
- Claudia, sabes que no me gusta hablar de mi vida privada y enterarme de la de los demás, ¿por qué no acabas con esto y me cuentas la verdadera historia erótico-festiva de la chabola del amor?
- Ha sido Roberto, ¿a que sí? ¡Has hablado con Roberto! - dice Claudia riéndose de las ocurrencias de su amiga pero sin olvidarse del tema.
- ¡No he hablado con Roberto! - exclama África viendo que es imposible desviar la atención de su teléfono móvil y de la maravillosa recuperación de la cobertura.
- ¿Entonces?
- Ha sido un mensaje...
- ¡Te ha mandado un mensaje! ¿Y qué ponía?
- Que tuviera un buen viaje, "pequeña África"... ¿qué coño quiere decir con eso de "pequeña"?
- No sé... será algo cariñoso... - se le escapa la risa floja.
- ¡Bueno, vale ya! ¡Cuéntamelo todo ahora mismo!
Han entrado en la ciudad siguiendo el todoterreno de John y han aparcado los coches en el parking del hotel.


Entran en el gran edificio por sus puertas giratorias de color dorado brillante y se dirigen a la recepción donde les está esperando Erica.
- ¡Eri! ¡Ya estamos aquí! - exclama Claudia abriendo los brazos.
- ¡Menos mal chicas! Ya he avisado a la grúa y este señor me ha ayudado un montón... - dice señalando al recepcionista, un señor mayor, delgado y canoso que les sonríe desde detrás del mostrador.
- ¡Erica! ¡He sobrevivido en una gasolinera igualita que la de la matanaza de Texas! - exclama África abrazándola.
- Me alegro de haberme venido en el taxi... - dice Erica sonriéndola.
- Mira, este es John - dice señalándole - nos ha salvado la vida y nos ha remolcado - sonríe pícaramente a Claudia mientras John y Erica se saludan amistosamente.
- Bueno chicas, si ya está todo en orden... tengo que irme - dice John mirándolas de una en una.
- No, no, no, no... de eso nada - dice África viendo que a Claudia le ha cambiado la cara.
- ¿Qué dices Áfri? Tendrá cosas que hacer y... - dice Claudia intentando hacer entrar en razón a su amiga.
- Pero Claudia... ¡nos ha salvado de la carretera del infierno y nos ha traido a la ciudad! Qué menos que invitarle a cenar... ¿no?
- Si, es cierto... tenemos que agradecérselo... - dice Erica captando por fin la situación.
- Bueno, de acuerdo... voy a ducharme y demás y vengo a recogeros... - dice John, al que no ha hecho mucha falta convencer.
- ¡Sí! Tú nos llevas a tu sitio favorito y nosotras invitamos - dice África concluyendo el plan.
- De acuerdo entonces, en una hora y media en la puerta del hotel - Erica se ha sumado a la creación del plan.
- Hasta luego entonces - se despide John dirigiendo su última mirada a Claudia.
- Hasta luego - contesta ella sonriéndole.
Las tres amigas ven como sale del hotel y se dirigen al ascensor. Esperan a que llegue alguno de los dos mirando como se iluminan los números de los pisos por los que pasa. Un pitido les indica que pueden pasar. Se miran en silencio. África suelta una carcajada y Erica le sigue.
- No sois normales... - dice Claudia mirándo a sus amigas troncharse de risa.
- ¡Oye! Danos las gracias... ¿ibas a dejarle irse sin más? - dice Erica entre risas.
- Además estoy enfadadísima contigo... - dice África poniéndose seria.
- ¿Y eso? - Erica no sabe de qué hablan.
- Ha pasado algo y no me lo quiere contar... - contesta África enfurruñada.
- ¿Algo de... algo? - pregunta Erica sonriendo un poco más.
Entran en la habitación guiadas por Erica que es la única que ha estado allí antes. Abre la puerta con la tarjeta del hotel y entran despacio. Es una habitación grande y la verdad es que bastante bonita, hay una cama de matrimonio y otra supletoria que parece comfortable.
- Venga Clau... cuéntalo ahora... que estamos en la intimidad de la habitación - susurra Erica.
- ¡Que no hay nada que contar!
- ¡Mentirosa! - exclama África.
Erica y ella se miran y después se asienten a la vez. De repente se abalanzan sobre Claudia tumbándola en la cama y haciéndola cosquillas. Se ríen sin parar y al final Claudia consigue soltarse y se levanta de la cama.
- ¡Estáis locas! Además, no me entretengáis más... ¡tengo que ponerme guapa! - y se encierra corriendo en el baño.
Las otras dos se quedan tumbadas en la cama riéndose como quinceañeras y pataleando sobre las almohadas.


- ¡No huyas! - le grita África desde la cama.
- ¡Tú calla y cuéntale lo del mensaje anda! - chilla Claudia a través de la puerta del baño.
- ¡¿Qué?! - pregunta Erica asombrada de que hayan pasado tantas cosas en tan poco tiempo.
África pone los ojos en blanco y acaba contándole a Erica como fue la recuperación de la cobertura. Se ríen y le chillan un par de cosas más a Claudia mientras preparan la ropa para esa noche. Ya han decidido qué ponerse. Esa promete ser una noche interesante.
*
"Thank you very much, old Roberto"
¿Old Roberto? No soy tan viejo... ¡eso ha sido por lo de "little"! Pues no lo decía yo por eso... pero bueno... Entonces se lo seguiré diciendo. Se sonríe por dentro.
El móvil suena de nuevo. Otro mensaje. Patricia... madre mía, parece que tiene un radar.
Que se va con sus amigas... pues vale. No me apetecía nada ir a cenar al sitio ese tan finolis que le gusta a ella... el camarero es un estirado.
¿Sabes? Yo también voy a salir con mis amigos.
Coge el teléfono de encima de la mesa y busca en la agenda. Elige uno de los nombres de sus amigos y llama.
- ¿Sí? - contesta la voz al otro lado del teléfono.
- ¡Raúl! ¿Qué tal?
- ¡Roberto tío, cuánto tiempo! ¿Qué es de tu vida? Bueno, ¿sabes qué? Quedamos a tomar unas cañas y me lo cuentas todo, ¿eh?
Raúl. Siempre dispuesto a quedar, a salir, a tomar unas cañas, unas copas, unos tercios, unos bailecitos, una fiesta, un aperitivo, una reunión, un póker, una cena... daba igual, siempre dispuesto a quedar con sus amigos. Se ponen de acuerdo en la hora y deciden llamar a los demás.
Sí, este plan le apetece más. Más que esa cena con Patricia y con su egocentrismo... ¿pero qué está diciendo? Si él la quiere...
Bueno, en todo caso, esa promete ser una noche interesante.

BuonpomeriggiO*

viernes, 2 de abril de 2010

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Gente. Gente a puñados que corre por el aeropuerto llevando carritos llenos de bolsas y maletas envueltas en plásticos transparentes.
Se dirigen a la cinta por la que pasan las maletas que han viajado también en avión y se hacen hueco entre los demás que las esperan ansiosos. Por fin aparecen entre otras tantas parecidas, de colores y tamaños diferentes y ellas las agarran al vuelo para que no se les pasen, pesan un poco pero consiguen hacerlo con elegancia. Salen del aeropuerto haciéndolas rodar lentamente, ya sin prisas. Buscan un taxi libre que pueda llevarlas al hotel. Ahí hay uno. Lo detienen y el conductor se apea del coche para ayudarles a introducir las maletas dentro. Se montan y el coche comienza a caminar, engullendo la carretera poco a poco. Le indican con un inglés un poco pobre las señas del hotel y se relajan mirando el paisaje. A un lado de la carretera aparece un negocio de alquiler de coches.
- Podíamos alquilar un coche... - sugiere África.
- Pues no es mala idea, así podríamos movernos más libremente y como está cerca del aeropuerto lo dejaríamos a la vuelta y el taxi desde aquí nos saldría más barato... - argumenta Claudia, a la que le ha gustado la idea.
- A mí también me parece buena idea, pero tenéis que conducir vosotras... - Erica parece estar también de acuerdo.
Le indican al conductor que pare en el negocio de "Rent a car" y se bajan del coche sacando todos los bártulos. Entran para hablar con algún empleado y un señor trajeado y sonriente intenta atenderlas con alguna dificultad que otra. Claudia es la que mejor se maneja con el idioma y poco a poco parece que acaban entendiéndose. El hombre les enseña varios coches y al final por petición y casi imposición de África eligen un Fiat 500 blanco. Claudia y Erica acaban cediendo ante una sonriente y emocionada África que ya se encuentra al volante recorriendo la carretera hacia la ciudad.
- El señor ha dicho que no llevamos mucha gasolina, que repostemos en cuanto podamos... o algo así... - recuerda Claudia.
- ¿Cómo que algo así? ¿Ha dicho eso o no? - pregunta Erica alarmada.
- Tranquilas chicas... tenemos de sobra para llegar al hotel... - las tranquiliza África sin saber muy bien si lo que está diciendo es verdad o no.
Prosigue su viaje por carreteras y caminos, desvíos y una autopista enorme que parece no acabar nunca. Otro desvío y una carretera más, muy parecida a las anteriores. De nuevo otro camino flanqueado por árboles que...
- Por aquí ya hemos pasado... - dice Claudia tímidamente.
- ¡Qué va! - dice África poniéndose un poco nerviosa.
- Yo diría que sí Áfri... vamos en círculos... - dice Erica mirando nerviosamente por la ventanilla.
- No puede ser... estoy siguiendo todos los desvíos... ¡además la que indica es Claudia!
- ¡Pero este último lo has tomado dos veces! - exclama Claudia al ver que el tema le perjudica.
El coche comienza a emitir un extraño sonido, un borboteo lejano que poco a poco comienza a oirse más y más. África mira los indicadores, el de la gasolina no para de parpadear ferozmente y el coche carraspea un poco. África lleva el coche a un lado de la carretera y lo detiene del todo. Parado. Empty. Nada. Ni una gotita de ese preciado líquido. En el interior del coche las tres se miran asustadas y sin mediar palabra miran por las ventanillas del coche. Árboles y más árboles, altos hasta el cielo, y al frente carretera, asfalto hasta el horizonte.


Se apean del coche y miran a todas partes esperando que otro automóvil pase por allí y les ayude.
- ¿Y ahora qué hacemos? - Erica está apunto de la desesperación.
- ¡No sabía que quedase tan poco! - grita África para descargar un poco de tensión.
- ¡No quedaba poco! ¡Es que has dado muchas vueltas! - Claudia también está muy nerviosa.
- ¡Las que tú me has dicho!
- ¡Pero si llevas un buen rato sin hacerme caso!
- ¡Porque me he confundido joder!
- ¡Sólo tenías que salirte cuando te lo decía!
- ¡No es tan fácil cuando todos los demás conducen del revés!
- ¡Vale, chicas! - grita Erica para detenerlas - esto ahora no ayuda...
- Pues hay que ir a dar señales de vida al hotel... - dice África un poco más calmada.
Abren las puertas del coche y se sientan mirando hacia fuera esperando que pase algún coche. No les queda otra, sus móviles no tienen cobertura.
Pasa más de una hora y ni siquiera se ha oído el canto de un pájaro en aquella carretera cuando de repente sucede un milagro, algo que solo les pasa a las personas con suerte (y ellas no es que tengan mucha), un taxi, allí a lo lejos que se acerca rápidamente, un maravilloso taxi libre que no se sabe por qué pasa por allí. Las tres corren a ponerse en medio de la carretera saltando y agitando los brazos para que pare y así es. Le "explican" al conductor lo que ha pasado y deciden que lo mejor es que Erica valla al hotel para que no les cancelen la reserva y a dejarlo todo y que desde allí mande una grúa para ir a recoger el coche. De nuevo Claudia y África se quedan solas en medio de todos esos árboles.
- Bueno, ahora solo queda esperar... - dice Claudia resignándose.
- Sí... aunque... ¡por ahí viene otro coche!
Aparece un enorme vehículo todoterreno al final de la carretera y ellas siguen su trayectoria con los ojos, sin perderlo de vista ni un segundo. El coche se detiene detrás del suyo y un jóven se baja de él. Es alto y moreno y les sonríe como si no pasase nada, como si su coche no se hubiera quedado tirado en una cuneta en medio de una carretera perdida de Londres.
- Goodafternoon! What has happened?
- ¡Joder con el inglés! - exclama África agotada poniendo los ojos en blanco mientras se apolla en el respaldo del asiento delantero.
- Áfri... estamos en Inglaterra, ¿qué esperabas? - dice Claudia acercándose al jóven e intentando explicar una vez más todo lo ocurrido.
- Tranquila, puedes hablarme español... puedo entenderlo... - dice el jóven tímidamente con un fino acento inglés.
- ¡Valla! ¡Menos mal! - grita África levantándose rápidamente del asiento y corriendo hacia él - lo siento por lo de antes ¿eh?... es que estoy muy cansada, esto ha sido un desastre...
- Entiendo, tranquila... ¿puedo ayudaros? - dice sonriendo de nuevo con unos dientes blanquísimos.
- La verdad es que estamos esperando a una grúa, una amiga ha ido al hotel en un taxi a avisar y... - explica Claudia.
- ¿Sabéis que estáis a solo unos metros de una gasolinera? - le corta el chico.
- ¡¿Qué?! - exclaman las dos a la vez.
- ¡Joder Claudia! ¡Joder!
- ¡Tranquila! No es culpa nuestra, nosotras qué sabíamos...
El chico se ríe ampliamente al ver esta escena.
- ¿Sabes? Podría remolcaros hasta la gasolinera...
- Umm... la verdad es que eso estaría muy bien... - dice Claudia sin parar de mirarle.
El jóven se acerca al Fiat y lo arregla todo para remolcarlo hasta la gasolinera, los tres se montan en el 4x4 y avanzan lentamente por la carretera. Comienzan a charlar y ellas le cuentan a John todo su día, desde el cuadro de África hasta el maldito momento en que deciden alquilar el coche.
John es muy agradable e intenta tranquilizarlas, aunque lo encuentra todo muy divertido tal y como lo cuentan ellas y no puede parar de reirse.
Llegan a la gasolinera y se bajan del todoterreno para ponerle gasolina al pequeño vehículo de detrás y en un momento comienza a llover. Qué llover, diluviar. África entra rápidamente en el coche y los otros dos la siguen.
- Esta gasolinera parece sacada de "La matanza de Texas", a mi me da mal rollo... - dice África mirando por la ventanilla del coche.
- ¡Qué dices Áfri! ¡Cállate!
- Si ya podemos ir en nuestro coche deberíamos llamar a Erica para que no avise a la grúa, ¿no?
- En aquella caseta de allí hay un teléfono... podéis llamarla al hotel... - dice John señalando una pequeña choza de madera un poco más lejos de la gasolinera.
- Venga Clau... ve a llamarla...
- ¿Y por qué no vas tú?
- ¡Porque no me gusta mojarme! Además tú hablas mejor el inglés...
- ¡Qué cara tienes!
- Yo te acompaño si quieres... - dice John mirando a Claudia.
- De acuerdo, iré yo... - dice Claudia sin hacerse más de rogar.
Ese cambio de opinión tan repentino provoca en África una carcajada y ambos salen del coche corriendo. Claudia se vuelve para lanzarle una mirada asesina através del cristal y dentro ella no puede parar de reirse. Es obvio que John le ha hecho "gracia".
Corren por la arena y sobre algunos hierbajos mojándose la ropa y el pelo. Se llenan de barro de la cabeza a los pies y llegan a la caseta. Claudia intenta abrirla pero no puede y al final es John el que tiene que darle un fuerte golpe para abrirla. No controla su fuerza y la arranca de sus visagras, no tiene mucho mérito porque era más bien endeble pero esto les provoca la risa.
En el coche África los observa desde la parte trasera y sonríe. Genial, genial, genial. Esto va a estar interesante.


Un pitido le saca de sus pensamientos de celestina y se toca el bolsillo de la sudadera. El móvil. ¡Tiene cobertura de nuevo! Un mensaje. Roberto. "Good trip little Africa! (no sé si se dice así)"
¿Cómo que little? Bueno, será algo cariñoso... valla un bilingüe de pacotilla. Y sonríe de nuevo, pero ahora ya no tiene nada que ver con Claudia y John.
*
-¿Se puede saber por qué no me has cogido el teléfono?
- Estaba conduciendo Patricia...
- ¿Y dónde ibas a esas horas?
- A llevar a alguien al aeropuerto, mi padre no podía... me lo ha pedido él... - miente mirando hacia abajo, hundiéndose en la Coca-cola.
- Tu padre y sus favores...
- ¡Es mi padre Patricia! Además cuando he llegado te he llamado... ¿cuál es el problema? - dice levantando un poco la voz. Patricia le saca de quicio, siempre controlándole, pidiéndole explicaciones... ¡no ha hecho nada malo!
- Bueno vale, no te pongas así... - se le acerca y le da un beso en la mejilla.
Roberto siente una punzada en el estómago. Se siente culpable... pero, ¿por qué? Está claro. África. Otra vez ella en su cabeza. Jóven, simpática, divertida, ella. Ella que no es Patricia. Y lo peor, Patricia que no es ella.

BuonpomeriggiO*

miércoles, 24 de marzo de 2010

Sorpresas

Se levanta sigilosa y entra en el baño, se lava la cara y se mira en el espejo. Levanta una ceja y se sonríe... hoy sin duda las sorprenderá.
Vuelve a entrar en su habitación descalza y coge el enorme cuadro que ha hecho para ellas, para su salón. Puff... ¡pesa mucho!... un poco más... et voilà! Colocado en su sitio en la blanca pared.
Sacudiéndose las manos en el camisón va hacia la cocina y se prepara un café, coge el bote de las galletas y vuelve al salón. Lo deja todo sobre la mesita y se sienta en el sofá a desayunar, nunca lo hace pero hoy es un día especial. Come un par de galletas y toma un sorbo de su café mientras espera... ¡Valla dormilonas! si ya son más de las 10... además no nos acostamos tan tarde... ¡voy a despegarles las sábanas!
Deja la taza de nuevo sobre la mesa y se levanta del sofá encaminándose al equipo de música. Pone un CD. Play. Volumen... ¿58? no... ¡72! ¡hay que empezar el día con energía!
De repente la música empieza a sonar y hasta ella misma se sobresalta llevándose una mano al pecho, ¡valla! ¡que potencia!
Entonces empieza a escuchar gritos en las habitaciones aunque un poco lejanos, así que apaga de nuevo el reproductor y corre a sentarse en el sofá, toma su taza y una de las revistas de Claudia que estaba en la mesita y empieza a ojearla con aire interesante.
- ¡¿Se puede saber qué rayos ha pasado?! - grita Erica entrando al salón.
- ¡Pero bueno! ¿y ese escándalo? - Claudia se suma a la queja irrumpiendo también en la habitación.
África toma un sorbo de su café y levanta ligeramente los ojos de la revista.
- ¡Valla! ¡Buenos días queridas compañeras! No me había dado cuenta de que ya estuviéseis levantadas... y bien, ¿cómo habéis dormido?
Erica y Claudia abren los ojos cada vez más, ¡pero qué cara tiene! ¡encima nos pregunta cómo hemos dormido!
- ¡Pero Áfri...! - Erica no acaba su frase cuando ve el enorme cuadro nuevo que adorna la habitación.
Las dos lo miran a la vez y sonríen, África les mira sin perderse un detalle de sus gestos.
Es como una gran foto en blanco y negro. Un paisaje, pero muchos a la vez... la Torre Eiffel, el Big Ben, Piazza Spagna... todo junto fundiéndose bajo unas suaves nubes que adornan el cielo grisáceo. Unos pequeños trazos que se convierten en personas que visitan esos lugares, personas comiendo un helado, charlando, riéndose...
- ¿Veis? ¡Esas tres somos nosotras! - dice África señalando el cuadro sonriente.
- ¡África es precioso! - exclama Claudia.
- ¡Genial! Además esa pared ya estaba sosa...
África sonríe un poco más mordiéndose el labio inferior.
- Y aquí no acaba la cosa...
- ¿A no? - dice Erica arqueando las cejas.
- ¡No! - exclama - a ver chicas... ¿cuál de esos sitios nos queda por visitar?
- ¡London! - exclama Claudia entusiasmada.
- ¡Exacto! ¡Pues allá nos vamos! ¡Todo el fin de semana!
- ¡¿En serio?! - Claudia abre la boca.
- ¡Sí! Un compañero iba a irse con unos amigos y al final no pudo. ¡Lo tenía todo organizado! El avión, el hotel... ¡todo! Me lo dejó tirado... es lo que tiene la reventa, además le hice un favor...
- Sí... ¡cuánta caridad Áfri! ¿y nos vas a invitar tú? - exclama Erica riéndose de su amiga... ¡pero que morro!
- Ya echaremos cuentas... - ríe África.
Se abrazan y saltan por el salón. Le dan las gracias a África y ríen divertidas.
- ¿Y cuándo nos vamos? - pregunta Claudia por fin.
- En 4 horas...
- ¡¿Qué?! - exclaman ambas a la vez.
- ¡Sí! Así que venga... preparad las cosas y no llevéis mucho, voy a vestirme... - dice mientras se aleja tranquila hacia su habitación. Ella lo tiene todo preparado.
Las otras dos corren por la casa metiendo mil y una cosas en la maleta: ropa, zapatos, el neceser...
África sale de su habitación tirando de la maleta de ruedas, vestida con ropa cómoda e incluso con un poco de maquillaje.
- ¿Estáis ya chicas? - pregunta relajada.
- ¡Sí, sí!
- ¡Ya va! ¡Un momento!
Aparecen jadeantes en la entrada con sus maletas y listas para salir. Bajan a la calle y toman un metro y luego otro. Éste último se para sin ninguna explicación, es algo típico pero nada agradable si tienes prisa. Cuando por fin vuelve a arrancar las tres están nerviosas. Puede que no lleguen a tiempo. Cuando llegan a la estación el tren ya está cerrando sus puertas.


Bajan corriendo las escaleras mecánicas cargadas con las maletas y dan algunos golpes en las puertas, hacen señas al maquinista y gritan alguna que otra cosa. No hay nada que hacer. El tren arranca y algunos, afortunados viajeros, las miran por la ventanilla negando con la cabeza.
- ¡Dios! ¿y ahora qué hacemos? - exclama Claudia agobiada.
- ¡Si no cogíamos ese tren perdíamos el avión! - Erica también está enfadada.
Valla faena ¿Y ahora qué? África intenta pensar en algo y...
- ¡Ya está!
- ¿Qué está? - exclaman las dos a la vez.
África saca su móvil del bolso y busca en la agenda. Llamar. Los pitidos previos y...
- ¿Sí?
- ¿Oiga? ¿Es Roberto?
- Sí, sí... ¿qué pasa? ¿qué tal?
- Necesitamos un taxista y llamamos al mejor... - África sonríe por lo descarado de su halago.
- No me digas que vais a estas horas a "Ciempo" de cañas... ¡mira que no estoy de servicio! - ríe Roberto al otro lado.
- ¡No! Necesitamos ir al aeropuerto...
- ¿Al aeropuerto?
*
Se enfunda unos pantalones y la chaqueta, se mete las zapatillas que estaban tiradas por la habitación y corre hacia la entrada. Coge las llaves de un cenicero y grita:
- ¡Papá me llevo el taxi! - y sale por la puerta sin esperar respuesta.
Baja corriendo las escaleras y enciende el motor. Conduce rápido hacia la estación.
¿Al aeropuerto? ¡Qué suerte! ¡Yo también quiero ir de viaje! ¿Dónde irán? Bueno, da igual, yo cogería un avión ahora mismo adonde fuese...
Llega a la estación y las ayuda a meter las maletas detrás, se suben corriendo y arranca de nuevo mientras algunos les pitan por haber parado en medio de la calle.
Estan nerviosísimas... creo que lo cogerán, si el tráfico sigue así...
Le cuentan lo que ha pasado y adónde van, él hace unas cuantas bromas para relajar el ambiente y parece que funciona. De repente se escucha un móvil. África lo coge del salpicadero del coche.
- "Patricia" - lee de la pequeña pantalla que parpadea impaciente. Se dispone a descolgar.
- ¡No! No lo cojas... - la detiene Roberto.
- Bueno vale... tranquilo. A saber quién será... - y las tres se ríen.
Por fin entran en el aeropuerto y comienzan a sacar las maletas lo más rápido posible. Erica y Claudia se despiden rápidamente de Roberto dándole las gracias miles de veces y corren a facturar sus maletas.
- Espero que tengáis un buen viaje - sonríe Roberto.
- Muchas gracias, a la vuelta te lo contaremos todo - y le da un suave beso en la mejilla.
Corre detrás de sus amigas con la maleta a las espaldas rodando a toda velocidad.
- ¡Pasadlo bien! - grita Roberto desde el coche.
Vuelve a montarse y arranca. Bueno, todo ha salido bien. Toma la carretera de vuelta a la ciudad pensando en esas tres chicas: risueñas, divertidas, locas, adultas pero encantadoramente niñas. Pero ahora sus pensamientos se detienen sólamente en una de ellas.
*
- ¡Menos mal!
- Buff... ¡valla carrerón!
- ¡Chicas!
- ¡¿Qué?!
- ¡Londres!
- ¡Sí! ¡London!
"Sssshhhh". Alguien les manda callar, desde luego no es un lugar para dar voces. Otros las miran divertidos. El avión se despega lentamente de la tierra como el velcro.

Londres les espera.

BuonpomeriggiO*

domingo, 14 de marzo de 2010

Suegros y espaguetis

Valla un par de "snobs". Pues sí, soy mecánico, ¿y qué? No creo que sea algo de lo que avergonzarse... que Don Julián no haya trabajado con sus manos en la vida y que Doña Leonor, alias "notemirosinoesporencimadelhombroyaúnasídagracias" no haya trabajado nunca es otra cosa.
No les he caído bien, ¡pero es que ellos a mí tampoco! No he parado de sonreír forzadamente en toda la comida, eso sí, todo delicioso... ¡con lo que ha costado ya se podrá! Ahora que donde esté la paella de mi madre... Bueno, el caso, yo sabía que los padres de Patricia estaban forrados, ¡pero no que fueran gilipollas!
Ahora que les he conocido entiendo el complejo de princesa de Patricia, y lo caprichosa que es... con todo.
De repente suena el teléfono, suelta una mano del volante y lo coge del asiento:
- ¿Sí?
- ¿Qué tal? ¿cómo lo has pasado? - dice Patricia al otro lado entre animada y preocupada.
- Bien cariño, todo estaba delicioso... - de momento no había mentido.
- Sí, ese restaurante es genial... ¿y mis padres qué? ¿qué tal te han caído?
- Pues bien cielo pero... escucha voy conduciendo... luego te llamo ¿vale?
- Eh, sí claro. Ten cuidado. Te quiero.
- Y yo - cuelga y vuelve a dejar el móvil sobre el asiento del copiloto.

¿Bien? ¡¿Me caen bien?! Bah... valla mentira. ¿Pero qué iba a decirle? "Patricia tesoro, tus padres son imbéciles"... después de lo bien que se porta ella con los míos... pero es que no es lo mismo.
Mi madre siempre ha pensado que Patricia es un poco "ñoña" y jamás se lo ha dado a entender de ninguna forma, sin embargo ellos... valla dos. Qué suerte de suegros.
Y entonces, al leer esa palabra en su mente, un escalofrío le recorre todo el cuerpo.
*
Están tumbadas en su sofá blanco y redondo pegadas a la televisión como moscas a la miel.
Atienden a la imagen sin apenas pestañear siguiendo las formas y colores de la película.
- ¡Bua! ¡Todo eso es mentira! - exclama África indignada con la televisión.
- Ya... no hay nadie tan perfecto... - dice Claudia casi suspirando.
Apaga la televisión puesto que ya se ha acabado la película.
- Vamos a recoger ¿no? - dice Erica rompiendo por fin el silencio.
- ¡Pero si llevamos todo el día limpiando! - se queja África.
- ¿Y la cocina qué? - recuerda Erica.
- ¿Qué le pasa a la cocina? - dice mirando hacia otro lado.
- ¡¿Pero tú sabes la que has montado para hacer unos malditos espaguetis?!
- Es que necesito mi espacio para crear... - dice dándose aires - además, le toca recoger a Clau.
- ¡¿Cómo?! - exclama Claudia que se había apartado de la conversación para que no le salpicase.
- Sí, sí... te toca la cocina a tí. Yo he hecho la comida ¿recuerdas? - dice África moviendo el dedo índice a la manera en que lo hacen las madres cuando riñen.
- Sí, ya... pero has ensuciado mucho para haber hecho esos espaguetis...
- ¡Y dale con los espaguetis! Si no te gustaban no haberlos comido...
- ¡¿Y qué remedio me quedaba?!
- Te hubiéramos traído la carta, no te digo con la condesa... - dice Erica sonriendo.
África se ríe y le señala la cocina. Claudia entorna los ojos vengativa y dice:
- Ya verás cuando me toque cocinar a mí... ¡vas a estar fregando hasta noche buena!
- ¡Oye! ¡que cuando cocines tú me toca recoger a mí! - exclama Erica.
Y todas se ríen.
- Bueno, a mí no me liéis que voy a pintar... - dice África levantándose del sofá.
- ¿Qué estás haciendo?
- ¿Nos lo enseñas?
- ¡No! ¡Cotillas! Es una sorpresa...
Y sale del salón descalza mientras las otras dos se miran.
- Bueno, la última vez que dijo eso trajo este sofá - dice Erica mirando el bonito sofá blanco que diseñó África para regalárselo en navidad.
- Dentro de nada sólo va a haber cosas hechas por ella en casa... - dice Claudia mientras se encamina a la cocina.
- ¡Te he oído! - grita África desde la habitación - ¡conseguirás quedarte sin sorpresa!


Claudia y Erica se ríen. Saben que es mentira. África no podría dejar de darles una sorpresa. Es su mayor hobbie... sorprenderlas.

BuongiornO*

martes, 9 de marzo de 2010

África

No puede estar callada, y mucho menos si ve algo que le provoca ese frenesí verbal que algunos encuentran divertido (y otros aturdidor).
Puede comentarlo absolutamente todo con la ironía de sus pensamientos, una ironía rara, extraterrestre, retorcida como sus rizos... y que a veces le hace sentirse incomprendida.
Le gusta reírse hasta quedar sin respiración y cantar en todas partes para que todo parezca más ligero.
Tiene que quejarse por todo porque siempre hay algo que no le encaja y no sabe tomar decisiones, es más, no le gusta tener que decidir y a veces le da miedo hacerlo. Cuando cree llevar razón puede ser la persona más cabezota sobre la faz de la tierra.
Le encanta viajar y ver cosas nuevas, probar sabores y sentir a la gente en la ciudad. Odia la lluvia porque le deprime y no quiere salir, todo se le vuelve gris, como el tiempo.
Podría alimentarse a base de pasta y chocolate y le encanta chuparse los dedos cuando acaba de comer aunque sabe que queda fatal y que no es de señoritas.
Le gusta dibujar porque así imagina historias y se las cuenta a los demás sin necesidad de hablar de ella, porque no puede hablar de ella ni de sus sentimientos, porque tiene un huequecito frío y duro en su interior y no sabe como sacarlo de ahí.
Escribe todo lo que se le pasa por la cabeza aunque a veces no tenga sentido ni le importe a nadie, ni siquiera a ella.


Escucha los problemas de la gente, pero de verdad de la buena, intentando buscarles solución y aliviando sus preocupaciones. Porque todo el mundo se los cuenta, aunque no la conozcan y a ella le encanta sentir que les ayuda. Porque le gusta ayudar. Porque le gusta escuchar.
Ella es África.

BuonaserA*

domingo, 7 de marzo de 2010

Erica

Tiene una mirada inocente de grandes pestañas y unos ojos que escuchan. Escuchan a todos y a todo porque ella es gentil, ayuda a todo el que lo necesita y a veces también al que no (porque todavía no se ha dado cuenta de que necesita ayuda).
Puede estar horas y horas de pie y sin parar de moverse, de acá para allá, llevando vendas y jeringuillas, píldoras y pastillas, vida y calma, mantas y toallas, amor y comprensión. Porque ella es así, para todos.
También es cabezota y un poco quejica y no puede parar de mover las manos y romper papelitos con los dedos. Odia que la gente no pronuncie bien su nombre y les tenga que corregir en la tónica.
Su constancia y aplomo impresionan a cualquiera porque con su carácter consigue lo que se propone. Ella es fuerte y casi nunca llora, a no ser que sea con un libro o una película, porque le tocan la fibra, porque no lo puede evitar.
A veces cambia de opinión en varias ocasiones sobre un mismo tema porque los pensamientos se le enredan en su pelo castaño.


También le gusta bailar aunque a veces no lleve muy bien el compás.
Puede parecer fría porque no le gusta darse besos ni abrazos, pero no lo es, porque tiene un corazón grande que late con lava y azúcar. Porque ella es grande.
Ella es Erica.

BuongiornO*

viernes, 5 de marzo de 2010

Claudia

Tiene una paz increíble, pero cuando se pone nerviosa se le nota tanto que se puede tocar.
Se sabe todas las canciones del mundo, (sobre todo las que están en inglés) puedes simplemente tararearle un pedazo y ella te dirá título e intérprete.
Lo fotografía todo: cosas bonitas, cosas feas, rostros con sonrisas y también las lágrimas, el deseo más enfervorecido y el grito más aterrador, miradas furtivas, manos que se tocan y otras que golpean, cosas que se comen y cosas que se huelen, pero sobre todo a ellas, sus amigas, en todas sus posturas posibles, aunque se avergüencen y se rían mientras le dicen que pare. Fotografías naturales. Sin más. Porque tiene un don, todo lo que fotografía adquiere una belleza especial, una luz nueva.
Ella también tiene luz, una luz particular y una mirada verde... verde como el mar.


Siempre ha tenido cara de "niña buena" pero en su interior no lo es. Puede hacer los comentarios más críticos del mundo sin que nadie se lo espere.
No le gusta el chocolate porque "le empalaga" y podría ver la tele durante horas y horas. Odia que halla viento porque la melena le golpea la cara y no le deja ver todo cuanto ocurre a su alrededor y eso no puede ser, de ninguna manera, porque le gusta saber cuándo, cómo y por qué, tiene que conocer las noticias y lo que ocurre en el mundo.
Ella es Claudia.

BuonpomeriggiO*

miércoles, 3 de marzo de 2010

Domingo

Música. Una canción conocida que cada vez suena más alto, como pidiendo que la escuchen. Una melodía. Pero la música no es siempre bien recibida:


- ¡Apagad eso!
- ¡África joder!
Consigue abrir un poco los ojos, aquella música le martillea la cabeza, el cerebro le late muy fuerte y tiene la boca seca. Palpa la mesilla de noche y al fin da con el maldito móvil y hace que deje de sonar. De nuevo silencio, tranquilidad. Las tres vuelven a dormirse, por lo menos una o dos horas más.

- ¿Por qué demonios has puesto el despertador esta mañana África? - dice Erica recordando ese horrible sonido que le había sacado de su tranquilidad.
- ¿Cómo? Yo no he puesto el despertador... - contesta África mientras se levanta de la mesa de la cocina y va en busca de su móvil.
- ¿Cómo que no? Mira, yo también adoro esa canción pero creo que a partir de ahora no la volveré a escuchar jamás - Claudia intenta abrir el bote de las galletas y aquella canción aparece de nuevo en su mente, desde luego es genial. Claro que la volverá a escuchar.
- Era la alarma... alguien me ha puesto una nota, esperad - dice África toqueteando los botones de su teléfono - "¡Despertad dormilonas! Resaca ¿verdad? No deberíais haberos tomado esas 3 "últimas". La próxima vez que queráis ir a "Ciempo" llamadme" y hay un número de móvil también... - lee en la pequeña pantalla.
- ¡Pero qué cabrón! - exclama Erica a punto de reirse.
- ¿Qué querías? Le engañamos un poco... - Claudia ha conseguido abrir el bote de cristal y se lleva una galleta a la boca.
- Sí... a la larga lo barato sale caro, ¿no? - dice África riéndose sentada en la encimera mientras balancea sus piernas en el aire.
*
Las 11:00... solo he dormido 3 horas... no aguantaré.
Se mira en el espejo del baño, valla ojeras. Abre el grifo y se lava la cara con agua helada, necesita espabilarse. Vuelve a mirarse en el espejo y entonces se sonríe. Por lo menos esas tres gamberras también se estarán despertando ahora mismo. Se lo tienen merecido, ¡por timadoras!
Entra sonriendo en la ducha y acaba de despertarse. Se viste y se coloca un poco el pelo. Se pone también un poco de colonia, que hay que dar buena impresión.
Se encamina hacia la cocina y saluda a su madre:
- Buenos días.
- Buenos días hijo... ¿dónde vas tan guapo?
- ¿Tan guapo? - ríe, no hay nada como una madre - voy a por Patricia e iremos a buscar a sus padres al aeropuerto...
- Ah... muy bien, regresaban hoy sí... ¿dónde me digiste que habían ido?
- ¡A Perú mamá! Te lo he dicho mil veces...
- Qué suerte, ojalá nosotros también hiciésemos un viaje pronto... - grita observando que su marido entra en la cocina.
- ¿Adónde? ¿de qué viaje hablas? - pregunta haciéndose un poco el loco, a lo que su mujer contesta con un "bah" y un movimiento de mano. Él la sonríe y ella pone los ojos en blanco. Se entienden sin necesidad de hablar, es lo que tienen casi 30 años de matrimonio.
- Los padres de Patricia que regresan hoy... - vuelve a repetir Roberto.
No sabe cuántas veces habrá contado que hoy, domingo, tenía que ir a por los padres de su novia al aeropuerto y después a su casa a comer. Por eso se enfadó tanto cuando su padre le pidió que llevara el taxi aquel sábado noche. Pero al final cedió... después de todo iba a darle una sorpresa a su madre, y es que los 47 no se cumplen todos los días.
- Por cierto, ya me contaréis qué tal lo pasasteis anoche... - sonríe pícaramente.
- ¿Y tu noche qué tal fue? - pregunta su padre desviando el tema, se niega a contarle a su hijo como fue esa noche...
- Pues mal papá, la cosa está muy floja... todos tus compañeros lo decían anoche...
- Ya hijo... ¿cuánto fue?
- 20 euros escasos... - miente. Tendrá que llenar el depósito antes de que su padre se de cuenta.
- Bueno, no pasa nada - dice sonriéndole, es verdad que la cosa estaba fea, además pensaba darle todo lo que ganara aquella noche.
Roberto apura el café y sale despidiéndose de sus padres. Coge su coche y va hacia la casa de Patricia.
Aparca justo en frente del portal y saca su teléfono. Un mensaje. El dibujo de un sobrecito parpadea en la pantalla. Lo abre:
"Lo de despertarnos a las 11 no estaba en el trato, exigimos una compensación. Jajaja es broma. Eres un taxista genial, estamos pensando en contratarte como chófer. Un beso. A.C.E."
Sonríe al leerlo. Desde luego mereció la pena, nunca se había reido tanto, además le invitaron a un par de cervezas y otras tantas Coca-colas. El sitio resultó ser genial y el dueño muy simpático, puede que llevase a Patricia allí alguna vez. Patricia. Le da un toque para que baje y guarda el número de África en su móvil.
- ¡Ya estás aquí! - exclama Patricia entrando en el coche.
- ¡Buenos días! - se besan suavemente en los labios.
- ¡Valla cara! ¿Qué ha pasado? - dice fijando sus ojos en las incipientes ojeras de su novio.
- Nada... he dormido poco.
Y arranca rumbo al aeropuerto.
*
Música. Música de nuevo, pero esta vez deseada y bastante alta.
Las chicas bailan mientras limpian la casa (o limpian mientras bailan). Lo hacen todos los domingos, así se hace menos pesado. Cantan a voz en grito y se mueven al compás, sin resacas ni dolores de cabeza.
África sube al sofá de un salto cantando y bailando para limpiar la lámpara.
- ¡Eh! ¡Bájate de ahí! - grita Erica.
- ¿Por qué? ¡Estoy limpiando!
- ¡Acabo de sacudir y colocar los cojines!
- ¿Y por qué haces eso antes de que limpie la lámpara y haga mi actuación? - dice bailando aún encima del sofá y cerrando los ojos para sentir la música.
- ¡Baja!
- ¡No!
- ¡Que bajes!
- ¡Oblígame!
Erica sube de un salto al sofá y se abalanza sobre África. Las dos se hacen cosquillas mientras ruedan por el sofá. Claudia no quiere quedarse atrás y se suma a la pelea soltando el plumero.
No pueden parar de reirse.
Y por fin una tregua. Se sientan en el suelo y se miran.
- Hay que acabar de limpiar, ¿no? - dice Claudia.


Y vuelven a reirse. Ellas y su estupenda manía de convertirlo todo en un juego.

BuonaserA*

lunes, 1 de marzo de 2010

En la esquina de la Primera con Amistad

Es de noche, pero hay tantas luces que ni siquiera lo parece. La Gran Vía a rebosar de gente que se mueve en direcciones contrarias o en el mismo sentido, como una gran masa, como bancos de peces de colores. Gente que sonríe, que llora, que trabaja o que simplemente pasea sin un rumbo fijo pensando en sus cosas o con la mente en blanco, y entre ellos, tres chicas que corren, que esquivan a la gente haciendo zig-zag, empujando (queriendo o sin querer) y riéndose como locas.
- ¡Ahí! ¡Ahí hay uno!
- ¡Pero párale!
- ¡Taxi!
El vehículo se detiene a unos metros de ellas y las jóvenes se montan de prisa para que el conductor no forme un atasco en medio de aquella esquina. Una de ellas decide ponerse delante y las otras dos en los asientos traseros. El conductor aparta el coche a un lado de la calle.
- ¿Adónde vamos? - pregunta el taxista animado, la risa de aquellas chicas se le ha contagiado.
- ¡Venga díselo!
- ¿No decías que querías ir allí a tomar algo? ¡Pues venga!
- ¿Nos lleva a "Ciempo"? - dice por fin la chica sentada en el asiento del copiloto.
- Eh... sí, claro... - contesta el taxista un poco dudoso. Es un chico jóven y no parece conocer muy bien el oficio, es más, parece que fuera su primera noche al volante de aquel coche blanco.
- ¿Está seguro? - pregunta quedándose boquiabierta.
- Sí pero... vais a tener que guiarme y... - habla mirando por el retrovisor a las jóvenes que le sonríen detrás.
- ¡Vale! Pero antes de que arranque vamos a hacer un trato... - saca la cartera del pequeño bolso y de ella un billete de 50 euros - ¿por esto nos lleva y nos trae de "Ciempo"?
- ¿Cómo? - dice el jóven mirando el billete que su copiloto sostiene entre los dedos.
- Sí, que si nos lleva, nos tomamos algo y luego nos trae de vuelta... - explica resuelta.
- Sí, claro que sí - dice por fin seguro. Total, son chicas simpáticas y además son 50 euros...
- Oiga - dice una de las de atrás entre risas - si el taxi no es suyo debería apagar el taxímetro...
- ¿Y eso por qué?
- Está claro que no sabe donde está "Ciempo"... los 50 euros se los gasta solo con la ida... - dice su compañera riéndose también.
- Pues no, no... ¿dónde está?
- Ciempozuelos... valla hacia la carretera de Andalucía... - dice la copiloto e ideante de todo aquel plan. Se le había ocurrido decir que lo que más le apetecía aquella noche era tomarse una copa en el bar que un amigo suyo acababa de abrir en Ciempozuelos y las demás le habían seguido. A pesar de estar en plena Gran Vía. A pesar de que era una tontería nocturna, ellas siempre la seguían.
- ¡¿Cómo?! - exclama alarmado el taxista. Osea que aquellas tres locas querían llevarle al sur de Madrid... y él como un tonto había aceptado llevarlas y traerlas por 50 euros... Menos mal que el taxi era de su padre y si se lo explicaba puede que lo entendiera y no se enfadase mucho. Al fin y al cabo, le estaba haciendo un favor y esa noche tampoco había mucho trabajo.
- ¡Tranquilo hombre!
- ¿No se irá a echar atrás ahora? Le invitaremos a una copa... - dice la chica sentada a su lado.
- Vale, vale... un trato es un trato, pero trabajando no puedo beber - dice sonriendo.
- ¡Pues una Coca-cola hombre!
- ¡Y otra cosa más! - exclama el taxista que ya ha tomado la carretera en la dirección correcta.
- ¿Qué? - preguntan las tres a la vez echándose a reír.
- ¡No me llaméis más de usted! ¡¿Pero cuántos años tenéis?! - dice riéndose él también.
- ¡20!
- ¡20!
- ¡21!
- ¡Pues eso! Yo sólo tengo 24... ¿qué os pensábais?
- ¿Y nosotras qué sabemos?
- Sí... además como llevas esa música tan aburrida...
- ¿Sí? - coge un cd que lleva guardado en la guantera y lo pone, sube el volumen al máximo y abre las ventanillas.
Ha acertado. Las tres se saben la canción y la cantan a voz en grito. Valla tres locas... ¿de dónde habrán salido?


Por fin llega a casa. ¡¿Las 8 de la mañana?! Toda la noche trabajando y solo ha conseguido 70 míseros euros... Normal, toda la noche en aquel bar en "Ciempo" como decían ellas. Y es que siempre querían tomar la "última", debieron tomarse por lo menos 5 "últimas".
Pero había sido divertido, desde luego eran unas chicas geniales. Seguro que su padre en 20 años al volante, no había pasado una noche como esa.
*
Caminan descalzas por el pasillo del portal, todavía tambaleantes. El suelo está helado pero no soportan los tacones ni un segundo más. Abren la puerta y van derechas a la cocina, las noches en vela dan un hambre increíble. Las tres se mueven como zombies por la cocina, sin mirarse ni dirigirse la palabra. Una taza. Una magdalena. Mermelada de fresa. Café. Cacao. Un croissant.
Se sientan a la vez a la mesa y se miran. No pueden remediarlo y rompen a reír, tienen unas caras espantosas... ya no hay pintalabios y el rimmel está un poco corrido pero lo peor son las ojeras. Dormirán hasta la tarde y lo saben. Comienzan a rememorar la noche:
- ¡Ese taxista era un jefe!
- Claro... ¡a ti te gustaba!
- ¡Y a ti también! ¡A mi no me engañas!


Y vuelven a reirse de nuevo. Amigas. Confidentes. Irse a vivir juntas fue una gran idea, incluso en los días más difíciles había algo que merecía la pena en todo aquello: que estaban juntas. Y así los días, las horas, los minutos y los segundos eran otra cosa. Eran ligeros.

(LoveUgirlS)

BuonanottE*